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El Consell Valenciano cada año destina más dinero a la promoción e impulsión del separatismo en la Comunidad Valenciana.
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PSOE y Compromis, dan la espada a las políticas sociales y al bienestar de los vecinos del Alto Palancia.
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Dos años después, las más de 4.000 mujeres del Alto Palancia siguen sin el servicio de detección precoz del cáncer de mama.
Desde que el bipartito de izquierdas llegó a las administraciones locales y autonómicas, éstas dejaron de velar por todos los ciudadanos y únicamente se centran en los cómplices de su ideario rancio y sectario.
Y es que, mientras se destinan más de 2,8 millones de euros para la promoción, difusión e imposición del valenciano como lengua de la Comunidad, se dejan perder servicios de carácter social, educativo e incluso sanitario. La desidia o dejadez en el mantenimiento de los servicios básicos por parte del gobierno valenciano es un hecho que están sufriendo cerca de 4.000 mujeres del Alto Palancia. Mujeres de Altura, Viver, Barracas, Navajas o Segorbe, entre otros municipios, que deben desplazarse al hospital de Sagunto para tener el mismo servicio de cribado de cáncer de mama que le fue suprimido a la comarca hace algo más de dos años.
Ni el gobierno autonómico ni el equipo de gobierno de Segorbe están haciendo nada para recuperar el servicio sanitario, es más, tienden a agravar esta situación, siempre con la negativa ante las múltiples mociones presentadas por el Grupo Municipal Popular para su restablecimiento. Para los ideales de la izquierda más radical no hay 300.000 euros para invertir en materia sanitaria, pero sí casi 3 millones para imponer el valenciano, 500.000 euros para el timo de las calderas de biomasa que no calientan el agua, los 52.000 euros para los surtidores eléctricos para los 0 coches registrados en el censo de la población…
“La visibilidad del valenciano en los sectores culturales es una prioridad” de este modo comienza la nueva orden de la Consejería de Educación. La frase ya ni siquiera nos extraña. Para comprender las contradicciones que supone, es necesario evadirse de la inercia que durante años ciertas políticas, con pretensiones nacionalistas, han puesto en marcha en nuestra comunidad.
Si logramos aplicar una visión crítica, lejana de subjetividades compartidas, comprendemos fácilmente que un idioma solo se convierte en prioridad cuando su uso es imprescindible para llevar a cabo un acto comunicativo. La función del idioma es por tanto, y en primera instancia, esencialmente práctica, no requiere, ni siquiera, de la citada visibilidad, también priorizada.
El valor cultural que algunos, indirectamente y a golpe decreto, le pretenden dar al idioma valenciano, en este caso, radica en las obras culturales que lo utilizan como medio de expresión. El idioma, en sí mismo, solo es la herramienta verbal con la que se manifiestan los poetas, literatos o músicos autóctonos, por ejemplo.
Superada esta falacia metonímica de las lenguas podemos aseverar que el valor cultural de un idioma depende, en consecuencia, de otras connotaciones que se le asocian a sus propiedades lingüísticas, algunas de forma automática otras de forma voluntaria e interesada. Y estas connotaciones culturales, en los idiomas y dialectos poco hablados, se suelen reducir a solamente una: la identidad.
El valor cultural del catalán, por ejemplo, es fundamentalmente identitario y es así porque crea diferenciación. Diferencia a las personas que lo hablan frente a sus compatriotas que sólo se comunican mediante la lengua común de la nación. Diferenciación que, huelga decir, sí es prioritaria para la concepción de una cultura que solo pretenda ser propaganda y a la vez alimento del monstruo separatista.
Si bien es cierto que cualquier lengua, por pocas características culturales que tenga asociadas, es un patrimonio inmaterial digno de conservación y respeto, por muy pertinaz que sea el empeño de ligarle otros lastres culturales, jamás logrará ser una prioridad si no se vuelve condición “si ne qua non” para la comunicación. El hecho de la existencia de una lengua común y pragmática como el castellano, en nuestro caso, exime de la cualidad prioritaria natural al catalán.
Pero por esto mismo, a nivel socio-político, se crea premeditadamente una necesidad artificial con el fin de reforzar la identidad valenciano-catalana frente a la realidad común y cultural de la nación española, al perseguirse presumiblemente -por parte del actual gobierno valenciano- la implantación, a largo plazo, de una ideología nacionalista.
La necesidad, ya sea artificial o natural, genera la prioridad y esto condiciona, por ejemplo, que acreditar un alto nivel de conocimientos de la lengua valenciana se convierta, injustamente, en requisito indispensable para ciertos empleos, que la posesión del título acreditativo del mitjà se valore más que la experiencia profesional o las altas cualificaciones; o que el castellano se destierre sistemáticamente de los centros culturales y educativos.
Todo este maremágnum desemboca tarde o temprano en una gran contradicción en la cual ciertos políticos -encargados, a priori, de atender las necesidades de una población- se convierten en creadores deliberados de otras nuevas necesidades que además, como el valenciano, se priorizan sin rubor y sin suficiente lógica.
La Comunidad Valencia en tres años que lleva gobernada por su Tripartito, ha recrudecido la batalla de la Lengua, la Sanidad está que no da el habla, tiene aspectos sociales que nos ponen los pelos como escarpias, amén de tener una situación política que deriva de una verdadera secta como es Compromis, que hace que la Comunidad sea considera como un cortijo.