Ni una más, ni uno menos.
La violencia de género sigue siendo una de las principales lacras de nuestra sociedad. Por eso, hoy más que nunca trabajemos por una sociedad libre de violencia de género.
Ni una más, ni uno menos.
La violencia de género sigue siendo una de las principales lacras de nuestra sociedad. Por eso, hoy más que nunca trabajemos por una sociedad libre de violencia de género.
© 2019 Tribuna Segorbina
Me temo que estos temas no calan en profundidad en la sociedad. Una prueba de ello podría ser los pocos comentarios que suscitan los escritos que tocan este gravísimo problema que padecen las mujeres.
Algo no estamos haciendo bien para que tanto crimen, tanta injusticia, no esté entre las principales preocupaciones de la sociedad.
El primer paso del fin de la violencia no reside solo en que la víctima venza al miedo y se atreva a acudir a una comisaría. Empieza antes, en su entorno: “Hay gente que oye a su vecino maltratar a su mujer y como ya lo ha hecho varias veces y ella no denuncia, deja de llamar a la policía y mira para otro lado. Pero no, hay que coger a ese vecino y decirle ‘cada vez que te oiga insultar a tu mujer o pegarla vas a tener a la Policía en tu casa’”.
El exmiembro de ETA y líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi, aseguró este sábado que “corresponde a todos” acabar con la violencia de género con motivo del Día internacional para la erradicación de esta lacra, y los internautas le han recordado que la banda a la que perteneció -y de la que jamás ha renegado- asesinó a decenas de mujeres.
A lo largo de su sangrienta historia, ETA mató a decenas de niñas y mujeres, y dejó heridas a cientos de ellas. La primera víctima fue María Begoña Urroz, de año y medio, que muró en 1960 tras la detonación de una bomba en la estación de Amara en San Sebastián. Después de ella ha habido otras 22. La última víctima infantil de la banda terrorista de ultraizquierda fue Silvia Martínez. Contaba solamente 6 años cuando la banda separatista explosionó un coche bomba frente a la casa cuartel de la Guardia Civil en la localidad alicantina de Santa Pola, fue en 2002.