El Polideportivo de Segorbe se vistió de gala para acoger un momento histórico: el debut del Viveros Mas de Valero en la Copa de SM El Rey. En su primera participación en esta prestigiosa competición, los amarillos ofrecieron una actuación llena de garra, ilusión y momentos de brillantez frente a un experimentado Albacete FS. Aunque el resultado final de 4-9 reflejó la superioridad de los manchegos, el marcador no hace justicia al enorme esfuerzo y la gran imagen dejada por el conjunto segorbino, que por momentos puso en jaque a un rival de categoría superior. La afición, que abarrotó las gradas, fue testigo de un partido vibrante, cargado de emociones y detalles que quedarán grabados en la memoria colectiva del club.
Un arranque de ensueño para los amarillos
Desde el pitido inicial, el Viveros Mas de Valero salió con una intensidad arrolladora, decidido a hacer historia en su estreno copero. Los pupilos de Gallego, fieles a su estilo valiente y agresivo, se adueñaron del balón y sorprendieron al Albacete con una presión alta que desconcertó a los visitantes. El premio llegó pronto: Ferrán, con un disparo magistral desde su propio campo, puso el 1-0 en el marcador, desatando la euforia en el Polideportivo de Segorbe. Apenas unos minutos después, Pol se sumó a la fiesta con otro golazo, esta vez con una definición precisa que hizo estallar a la afición amarilla. El 2-0 en el electrónico era más que un marcador; era la constatación de que el Viveros estaba dispuesto a soñar en grande.
El equipo local mantenía el ritmo, apretando en la primera línea de presión y dificultando la salida de balón del Albacete. Sin embargo, esta valentía tenía su contrapartida: los espacios en defensa permitían a los manchegos construir ataques peligrosos. Aquí emergió la figura de Alonso Bolós, el joven portero del equipo juvenil que debutó en la portería debido a las lesiones de los guardametas habituales, Radu y Carlos. Con paradas de mérito, Bolós mantuvo el cero en su portería durante gran parte de la primera mitad, convirtiéndose en uno de los pilares de la resistencia segorbina.
Un giro de guion antes del descanso
Cuando todo parecía indicar que el Viveros mantendría su ventaja, el Albacete demostró por qué es un equipo consolidado en categorías superiores. En un tramo fatídico de apenas unos minutos, los manchegos aprovecharon los espacios y la calidad de sus jugadores para darle la vuelta al marcador. Cuatro goles, rápidos y letales, silenciaron momentáneamente al Polideportivo y pusieron el 2-4 en el luminoso. El golpe fue duro, pero los amarillos no se rindieron. En los últimos segundos de la primera parte, Juan Garcerán, otro debutante que dejó destellos de su talento, anotó un gol crucial que recortaba distancias y devolvía la esperanza. Con el 3-4, el partido se fue al descanso dejando abiertas todas las posibilidades.
Una segunda mitad de emociones y polémica
El segundo tiempo arrancó con la misma intensidad que caracterizó los primeros 20 minutos. El Albacete, consciente de la amenaza del Viveros, salió decidido a sentenciar el encuentro, y en el minuto dos logró ampliar su ventaja con un nuevo gol. Sin embargo, los segorbinos no se dieron por vencidos. Bruno, con un golazo que hizo temblar las gradas, puso el 4-5 y volvió a encender los ánimos de la afición. El partido estaba en su momento más álgido, con los dos equipos luchando de tú a tú y el Polideportivo convertido en una caldera.
Pero entonces llegó el momento que cambió el rumbo del encuentro. Una jugada polémica, en la que el Albacete anotó un gol precedido de una clara mano no señalada por los árbitros, desató las protestas de jugadores y aficionados. La decisión arbitral cayó como un jarro de agua fría sobre el Viveros, que comenzó a notar el desgaste físico tras su enorme esfuerzo. Las piernas empezaban a pesar, y la calidad del Albacete, un equipo con mayor fondo de armario y experiencia, se impuso en los minutos finales. Los manchegos aprovecharon los espacios para ampliar la diferencia, llegando al 4-9 que reflejaba una superioridad que, sin embargo, no se correspondía del todo con lo visto en la cancha.
El orgullo de portero-jugador y una afición entregada
Con el marcador en contra, el Viveros no bajó los brazos. Gallego apostó por el portero-jugador en los minutos finales, buscando recortar distancias y mantener viva la ilusión. Los amarillos generaron varias ocasiones claras, con ataques bien construidos que pusieron en aprietos a la defensa del Albacete, pero la falta de acierto en los últimos metros impidió que el marcador se moviera. Pese a la derrota, la imagen del equipo fue impecable, demostrando que está preparado para competir al más alto nivel.
El pitido final dejó un sabor agridulce en Segorbe. Por un lado, la derrota por 4-9 evidenciaba la diferencia de categoría entre ambos equipos; por otro, la entrega, el talento y la pasión mostrada por el Viveros Mas de Valero llenaron de orgullo a sus aficionados. La afición, que abarrotó el Polideportivo de Segorbe, despidió a los suyos con una ovación cerrada, reconociendo el esfuerzo de un equipo que, en su debut en la Copa del Rey, dio la cara ante un rival de envergadura.
Un debut para la historia y la mirada puesta en la liga
El Viveros Mas de Valero cierra su primera participación en la Copa del Rey con la cabeza alta. Más allá del resultado, el equipo dejó una imagen de compromiso, calidad y unión que ilusiona de cara al futuro. Jugadores como Ferrán, Pol, Bruno y el debutante Juan Garcerán brillaron con luz propia, mientras que Alonso Bolós se convirtió en la revelación del partido bajo los palos. El trabajo colectivo, la intensidad y el apoyo incondicional de la afición son los cimientos sobre los que el Viveros seguirá construyendo su historia.
Ahora, el equipo de Gallego se toma un breve respiro antes de volver a la carga en la competición liguera. Este sábado, el Viveros visitará Mislata en un nuevo desafío para seguir creciendo en una temporada que promete emociones fuertes. Con el recuerdo de un debut copero para enmarcar, los amarillos seguirán luchando por llevar el nombre de Segorbe lo más lejos posible. Porque, como demostraron ante el Albacete, en el Viveros Mas de Valero el corazón siempre late más fuerte que cualquier marcador.

