sábado, 12 septiembre, 2026

Homenaje a la Esperanza, 90 años después de aquel verano inolvidable en Viver

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En el verano de 1935, bajo el sol generoso de la comarca del Alto Palancia, tres familias —Aub, Dicenta y Zapater— se reunieron en Viver para unas vacaciones que prometían ser el inicio de una tradición anual. Max Aub, el célebre escritor hispano-mexicano, capturó esa idílica escapada en su novela “Campo cerrado”, donde Viver de las Aguas se convierte en el umbral de un laberinto de memorias marcadas por la guerra. Pero la Guerra Civil española truncó esos planes, dispersando vidas y sueños en el exilio y el conflicto. Noventa años después, esa esperanza truncada revivió en unas jornadas conmemorativas que, como un puente entre pasado y futuro, reunieron a expertos, descendientes y amantes de la literatura en un emotivo tributo.

Bajo el título «Jornadas Max Aub. Hace 90 años. Homenaje a la esperanza. Viver de las Aguas», la Fundación Max Aub y el Ayuntamiento de Viver y Segorbe organizaron el 17 y 18 de octubre un evento que no solo honró la memoria del autor, sino que también tejió hilos de amistad perdurables. Las sesiones se dividieron entre Segorbe, en la sede de la Fundación Max Aub, y Viver, en el histórico Convento de San Francisco, creando un itinerario que evocaba el viaje de aquellas familias de antaño. Como si el tiempo se plegara sobre sí mismo, los participantes revivieron anécdotas de risas compartidas junto a las fuentes de Viver, mientras reflexionaban sobre cómo la guerra transformó no solo vidas individuales, sino toda una generación de escritores.

Las ponencias académicas abrieron el camino a la reflexión profunda. Carmen Valcárcel, de la Universidad Autónoma de Madrid, Pedro Tejada, de la Universitat Jaume I de Castelló, y Javier Lluch, de la Universitat de València, desgranaron la obra de Aub y su contexto histórico. Sus intervenciones pintaron un retrato vívido de un escritor que, exiliado en México tras la guerra, convirtió el dolor colectivo en literatura universal. Valcárcel, evocó cómo Aub, en su serie “El laberinto mágico” —compuesta por seis novelas, conocidas como “los Campos”—, inicia y cierra el ciclo en Viver, simbolizando el principio y el fin de una era convulsa.

El corazón narrativo de las jornadas latió en las mesas redondas. Dos de ellas, tituladas “Escritores que vivieron la guerra y/o el exilio”, reunieron a representantes de la Asociación de Casas-Museo y Fundaciones de Escritores (ACAMFE). Aitor Larrabide, de la Fundación Cultural Miguel Hernández en Orihuela (Alicante), habló de Hernández con la pasión de quien rescata versos del olvido. Francisco Durán, de la Asociación Memoria Democrática Niceto Alcalá-Zamora y Torres en Priego de Córdoba, exploró las sombras del exilio político. Ángel López, desde la Fundación Centro de Estudios Vicente Blasco Ibáñez en Burjassot (Valencia), y Antonio Ramírez, de la Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez en Moguer (Huelva), completaron el mosaico, ilustrando cómo la guerra y el destierro moldearon no solo biografías, sino estilos literarios enteros. Sus relatos entrelazaban testimonios personales con análisis críticos, recordando que la literatura española del siglo XX es, en gran parte, un eco de batallas perdidas y fronteras cruzadas.

La tercera mesa, «Viver 90 años después», fue un momento de intimidad familiar que conmovió a los asistentes. Mª Teresa Álvarez, descendiente de la familia Aub; Juan Ignacio Grau, de los Dicenta; Juan Pablo Zapater, de los Zapater; y Vicente Ferrer, alcalde de Viver, compartieron anécdotas que trajeron el pasado al presente. Hablaron de paseos por las aguas cristalinas, de conversaciones nocturnas bajo las estrellas y de una amistad que, contra todo pronóstico, ha perdurado hasta hoy. Grau, por instancia, podría haber recordado cómo aquellas vacaciones inspiraron el capítulo «Viver de las aguas» en “Campo cerrado”, donde Aub transforma la realidad en ficción para capturar la esencia de una España al borde del abismo. Como cierre emotivo, se proyectaron imágenes inéditas de antes de la guerra —cortesía de la familia Dicenta—, que mostraban rostros sonrientes y paisajes serenos, contrastando con la turbulencia que vendría después.

Las jornadas culminaron en la Casa de la Cultura de Viver con una representación que elevó el evento a la categoría de experiencia inolvidable. La actriz Esther Lázaro interpretó “De algún tiempo a esta parte”, un monólogo de Max Aub que destila la melancolía del exilio. Presentada por Manuel Aznar, patrono científico de la Fundación Max Aub y profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona, la obra resonó como un eco perfecto de los temas discutidos: la pérdida, la resiliencia y la esperanza que persiste.

Este homenaje no habría sido posible sin el apoyo incondicional de diversas instituciones. Los ayuntamientos de Segorbe y Viver, a través de sus concejalías de Cultura; el Ilmo. Cabildo Catedral de Segorbe; y la Cooperativa de Viver colaboraron con entusiasmo. El patrocinio del Ministerio de Cultura, vía la Dirección General del Libro, del Cómic y la Lectura, junto al Ayuntamiento de Viver, garantizó el éxito. Y, por supuesto, el comité organizador —integrado por Mª José Calpe, Vicente Ferrer, Inmaculada González, Cristina Herrero, Maite Noguera, Gloria Rabanaque y Paco Tortajada— merecen un aplauso especial por tejer este tapiz cultural.

En un mundo que a menudo olvida sus raíces, estas jornadas recordaron que la literatura de Max Aub no es solo historia, es un llamado a la esperanza. Noventa años después, Viver de las Aguas sigue fluyendo, nutriendo memorias y futuros por igual.

 

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