El viernes por la tarde, el Centro Cultural Olga Raro de Segorbe acogió la presentación de “Noches de Verde Luna”, el tercer poemario de Rafael Suay Puchol. Era las seis en punto, y la concejala de Cultura, Marisa López, abrió el acto con unas palabras directas. “Aunque Rafa nació en Castellón, pasó todos los veranos en la casa de su abuelo José Suay aquí en Segorbe. Allí descubrió la poesía, escuchando el ruido de la máquina de escribir. Hoy se arrepiente de no haberle prestado más atención a ese aparato, que ya solo queda en la memoria, cambiado por pantallas”.
Rafa, como lo llaman todos, no es nuevo en estas lides. Ha escrito en revistas como Parla, El Diario de Cádiz o Eco de Aragón, ha colaborado en radio y ha ganado premios en certámenes como Un Mar de Olas, Cartagena Bonita o Somnis a la Mar. También ha estado metido en el carnaval andaluz, formando comparsas y chirigotas con gente como Rafa Serna o Pascual González, y guarda un cariño especial por la Semana Santa de esa tierra que echa de menos.
Pero el foco estaba en la poesía. Marisa explicó que algunos poemas del libro los escribió Rafa en el instituto, con ayuda de su abuelo para pulirlos. Años después, los encontró en un cajón olvidado y decidió darles luz. El libro habla de amores juveniles, pensamientos del día a día, anécdotas de casa o del pueblo, y lo que Marisa llamó “sus coqueteos con la muerte”, algo que Rafa detalló después. Hay versos de rebeldía adolescente, escritos en ratos libres con papel y boli, y otros testimoniales que quitan hierro a lo peliagudo con humor.
Segorbe no es casualidad para él. Ha recorrido cada sendero, cada pico y cada paisaje del Alto Palancia, por eso eligió su pueblo para el lanzamiento, editado este 2025. “Todo el que quiera un ejemplar, que se haga con uno para disfrutarlo”, dijo Rafa con una sonrisa. Contó que este es el tercero de una saga que planea en cuatro volúmenes, hecho sin mentores esta vez, solo con ilusión y trabajo. Abrió cajas viejas, agendas y fundas con 70 u 80 poemas guardados, y los reconstruyó como un puzle en mesas de playa o donde pillara. “Otra persona habría tirado la toalla, pero yo prometí cuatro libros y aquí va el tercero”.
Mucho gira en torno a una musa que se fue, como Campanilla de Peter Pan. “Ella sabía dónde encontrarme con mis lágrimas, pero desistí. Si tenía que volver, lo haría”. Fue una época de primer amor, desafíos nocturnos, y por eso el título. Compone mejor de noche, en bancos como el de Lidón en Castellón, de 8 de la tarde a 3 o 4 de la mañana, mirando coches entrar y salir. A veces borra, reescribe, consulta a Becker o sube al terrado si se frustra. Las desdichas con ella le dieron el matiz verde a la luna.
La portada intrigó a todos, es una foto del patio interior de la biblioteca de Castellón, el de los caracoles, tomada con su amigo Edu. “La gente para en la entrada, pero hay que pasar más allá. Arriba hay cristalera, madera, ventanales. El primer rayo de sol da en el centro. Es algo antiguo que resiste en la jungla de asfalto”. Ya mandó ejemplares a Cádiz, Málaga, Algeciras y Gibraltar, con explicaciones personales.
Habló de su familia. Su abuelo, abogado, fundador de la peña taurina y exposición filatélica en Segorbe, secretario de la fundación Max Aub y del CEAM por más de 30 años, era elocuente y social. Escribía en una Olivetti, doblaba el papel y se lo daba a la abuela Carmina: “Por el amor que nos tenemos, te he compuesto esto”. El último, “El danzar de los pájaros”, lo hizo días antes de que ella muriera. “No lo público, es privado”. La abuela era su musa en “El lapsus de Venus”, un matrimonio de los de antes, de principio a fin.
“Empecé con la poesía cuando aprendí que es pasarse un folio en blanco por el fondo del alma y reflejar el estado de ánimo”, dijo. Pide críticas, buenas y malas. Este libro habla mucho de desamor, ojalá llegue a esa musa. “Es el más compacto, el que más me define”. Cerró con ilusión, estos poemas son para cualquier biblioteca casera, y quien los lea se sentirá en sus romances nocturnos.
Rafa, originario de Segorbe, escribe con estilo cercano, sobre emociones cotidianas y lo simple. No es famoso a nivel nacional, pero en Castellón y comarcas lo valoran por cómo cuenta las cosas. Este es su tercer poemario. Antes sacó “El caballero del Espadán” (2021), homenaje a la Sierra de Espadán con poemas sobre fuentes, árboles centenarios y conexión con la naturaleza, dividido en secciones como un viaje. Y “Versos al atardecer” (2023), más corto e introspectivo, en tres partes: luz menguante, sombras que hablan y estrella primera, con temas de nostalgia y atardeceres.
El acto fue sencillo, Marisa presentó, Rafa leyó poemas y explicó que la luna verde es mirar lo cotidiano con misterio. No hay reseñas aún porque acaba de salir, pero quien lo hojea dice que invita a parar y pensar. Si estás por Castellón, búscalo en librerías locales o espera al próximo recital. Seguro que Rafa vuelve bajo alguna luna de por aquí.

