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Escola Valenciana llama a los niños del Alto Palancia a participar en sus encuentros independentistas.
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La alienación de los estudiantes es el principal cometido de esta «escola dels països catalans»
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Bejís, será nueva sede de las «Trobadas 2018» el próximo mes de mayo.
Le entidad Escola Valenciana sigue con su cometido politíco-ideológico afín al independentismo catalán en el que toman como víctimas a los escolares de la Comunidad Valenciana. Una nueva edición de encuentros infantiles enmascarados con juegos, canciones, simbología y talleres donde impera la imposición de ideales y sentimientos sectarios arrancará el próximo mes de abril con una nueva edición de «Trobades Escolars».
En estas nuevas Trobadas el Alto Palancia vuelve a ser objeto de congregación de escolares de la comarca. Niños de Navajas, Geldo, Segorbe, Altura o Jérica, entre otros, llamados a participar en lo que ellos denominan la «festa de la llengua valenciana» pero que difiere mucho de un encuentro formativo. Alumnos cuya lengua materna es el castellano, conocedores del valenciano y con unas tradiciones socio-culturales que muy lejos quedan de las que promueven desde la entidad catalanista.
El año pasado fue en el municipio de Altura, y este año Bejís donde se acogerá el 11 de mayo este encuentro. Mediante la promoción de estas jornadas organizadas por Escola Valenciana- entidad subvencionada por PSPV y Compromis con más de 300.000 euros- y la instauración del «chantaje lingüístico» en las escuelas- destapado por el Grupo Parlamentario Popular-, el Consell Valenciano de Puig y Oltra han iniciado un proceso de alineamiento entre los niños y jóvenes de la Comunidad, pese a la oposición de familias, docentes y la sociedad valenciana.
Como tenemos el sistema educativo más sólido, equilibrado y competente de Europa; el profesorado más motivado, el plan de estudios más riguroso y los alumnos con mayor aprovechamiento; como la enseñanza española es un ejemplar dechado de virtudes académicas y cívicas, el Gobierno valenciano ha decidido poner la guinda a tanta perfección añadiendo la imprescindible reforma que faltaba para terminar de iluminar nuestras escuelas con la luz resplandeciente del progreso: ESCOLA VALENCIANA.
Y ello con la desinteresada colaboración de los independentistas catalanes, enternecedora y súbitamente preocupados por el perfeccionamiento intelectual del país valenciano del que se quieren apropiar.
Por eso este Gobierno de Timo y Mónica, que tiene más tonterías que un mueble bar, no hay insustancialidad que no le guste ni bagatela política de la que no saque partido, con tal de que le sirva para montar escenarios de agitación y discordia en los que pueda comparecer disfrazado de un progresismo de todo a cien.
La avidez del extremismo y del interés no entiende de derechos y menos de respeto. Justifica sus incursiones en terrenos vedados por lo ético apelando a sospechosas “divinidades” o a asuntos insolentemente divinizados. Ambas apelaciones tienen en común su ubicación fuera del ámbito del sentido común. Fuera y principalmente por debajo, para ser más exactos en el caso que nos ocupa.
Y aterrizo: desde mi punto de vista (que intenta ser medianamente objetivo) la fundación “Escola Valenciana” es una institución con un carácter marcadamente ideológico. Su cumprumiso con la normalización lingüística -en un contexto en el que los modelos “plurilingües” de Marzá son tumbados por el TSJ- les delata. Pues, La Escola, discrepa de las políticas lingüísticas de la Generalidad, no porque sean impositivas o discriminatorias sino porque, para ellos, no son lo suficientemente incisivas. En consecuencia, sus reivindicaciones sitúan a la asociación, palmariamente, en el extremo del lado ideológico en el que se ubica.
Y el hecho de estar en el extremo implica, en cierta medida, poseer la avidez que antes comentaba. Conlleva, en la mayoría de casos, esa ansia viva que ignora límites. Acarrea inevitablemente ese afán de extender sus concepciones ideológicas, el cual ve a la escuela como un campo bien dispuesto para la siembra.
Según dicen ellos mismos y también he comentado antes, Escola Valenciana persigue la normalización lingüística. Pero yo me pregunto: ¿qué sentido tiene la normalización de una lengua en un territorio como el nuestro, en el cual, dicha lengua, no se habla por razones histórico-culturales, sociales y pragmáticas? ¡Es todo un desvarío! Una de esas cosas que solo comprenden los nacionalistas.
Por lo tanto, en mi opinión, las “trobades” no pretenden sólo un inocente fomento de la lengua valenciana. Contrariamente, pueden llegar a considerarse actos proselitistas de la ideología que rodea a la normalización lingüística. Para más inri, enmascarados lúdicamente en un contexto tan vulnerable como el escolar.
Y es por esto que el PSOE y Podemos, junto con sus afines, tendrían que cuestionarse lo “positivo” de estos eventos desde un punto de vista racional, lejano a la connivencia simpática a la que les induce su disciplina partidista.
Porque -al fin y al cabo- todo me huele a que, un año más, los insistentes “Testigos de la Llengua” llaman a la puerta del Alto Palancia, con la dudosa intención de ofrecer la lectura de su “Atalaya” a los escolares de la casa. ¿Les dejarían entrar? Yo no. Desde luego.
Este Gobierno automónico tiene una pronunciada inclinación a inmiscuirse en las formas de vida de los ciudadanos
Ésta es la clave de la hegemonía forzosa que han impuesto los nacionalistas: aprovechar el sentido integrador de la autonomía que diseñó la Constitución para construir un ámbito de exclusiones. Para subvertirla, literalmente.
QUIZÁ LA OBRA EDUCATIVA QUE MÁS URGE EN EL MUNDO SEA LA DE CONVENCER A LOS PUEBLOS DE QUE SUS MAYORES ENEMIGOS SON LOS HOMBRES QUE LES PROMETEN IMPOSIBLES.
Qué olor a enjuague indecente, a inmoralidad turbia, a canallada borrosa y deshonesta, a puñalada sucia. Qué opacidad tan sospechosa, qué manejos tan dudosos, qué malicioso presagio de podredumbre y miseria.
Hay algo que no cuadra, algo chirría en la estructura de este guión; y chirría más cuando los socialistas y sus siniestros socios moderan su arrogancia en un silencio de conveniencias.
Algo huele a podrido en la política de la Comunidad Valenciana. Pero nadie explica a los ciudadanos qué se compra y se vende con sus votos, ni a cambio de qué impunidades o favores.