El pasado sábado 3 de noviembre, durante la misa de la misa de las 10, acompañada en su liturgia por el órgano, el deán del Cabildo Catedral, D. Tomás Tomás Beltrán, se bendijo la nueva imagen de la Virgen de la Seo, en su actual ubicación sobre el pedestal que corona el centro de la crestería de la reja del coro capitular.
Se recupera de esta forma la tradición de figurar en dicha reja una imagen de la Virgen, algo que aconteció por vez primera a principios del siglo XX, con la colocación de una escultura monumental de la Virgen de Gracia del siglo XVI, desaparecida en la guerra civil (1936-1939).
Tras la contienda se sustituyó en el retablo mayor la desaparecida Virgen de la Seo, María con el Niño en brazos sin otro atributo, por una Asunción de la Virgen. Por ello ahora se recupera la antigua devoción medieval a Nuestra Señora de la Seo en la Catedral, con la colocación de una figura de similares características a los pies del templo.
La recuperación de la nueva obra, dorada y policromada por el artista alcorino Francesc Chiva, ha sido impulsada por el Cabildo Catedral con la colaboración económica de la Institución Seo de Segorbe.
HOY HACE 80 AÑOS:
Fue el lunes, 7 de noviembre de 1938. La localidad de Cabra estaba llena de campesinos de poblaciones cercanas que se habían acercado a vender sus mercancías. Lejos del frente, sin interés militar alguno, nadie hubiera podido sospechar lo que sucedería aquella jornada.
Muy temprano, sobre las 7.30, se escuchó ruido de aviones. Eran aparatos republicanos de fabricación soviética que desencadenaron un infierno desde el aire sobre la localidad andaluza. El resultado de aquel ataque aéreo, sin la menor justificación, provocó más muertos que el realizado por la aviación italiana y la Legión Condor en Guernica. Sus ciento nueve muertos y sus más de doscientos heridos fueron, mayoritariamente, mujeres, ancianos y una decena de niños.
Injusta, casi criminalmente, a diferencia de lo sucedido en Guernica, el bombardeo brutal e injustificado de Cabra fue sepultado en el olvido. Los nacionalistas vascos no lo necesitaban para ocultar la manera en que traicionaron a los republicanos pactando con los fascistas de Mussolini en Santoña. Los republicanos no iban a lamentar el ataque cuando se hallaban inmersos en la batalla del Ebro, ya llevaban tiempo convirtiendo Guernica en una bandera de propaganda y además Cabra – a diferencia de la localidad vasca – ni contaba con una fábrica de armas ni estaba en el camino de una ofensiva. Para colmo, tampoco Picasso aprovechó una pintura previa para plasmar el horror del bombardeo realizado no por pilotos extranjeros sino españoles.
Esta semana se cumplen ocho décadas de aquel espanto todavía más carente de razones y explicación que la tragedia de Guernica.
Sería de esperar que Carmen Calvo, vicepresidenta del gobierno y natural de Cabra, recordara a sus paisanos muertos en el infierno que cayó desde las nubes.
Sería de esperar que, martilleados por la memoria histórica, recordáramos un horror superior al de Guernica, pero borrado del recuerdo durante décadas.
Sería de esperar que a esa conmemoración de los pobres inocentes muertos en el curso de una guerra fratricida e incivil se sumaran las autoridades andaluzas y egabrenses con no menor entusiasmo que el dedicado por Carmena en honrar a asesinos y torturadores de las checas.
Todo eso sería de esperar si aún quedara un ápice de piedad, de decencia y de dignidad en la política actual. Quizá por eso no lo espero en absoluto. Yo, sin embargo, para todos esos caídos deseo como aquel político republicano: paz, piedad y perdón.