En esta legislatura municipal 2015-2019 es la primera vez, desde 1979, que el Partido Republicano de Segorbe no está representado en el consistorio segorbino, o al menos, que su concejala afirma que no lo representa, y se desentiende de toda la actividad anterior de sus compañeros.
Este partido decidió abandonar sus siglas integrándose en una agrupación electoral de tinte podemita, SP, pero conservando hasta ahora cierta identidad a la que expresamente renuncia ahora.
Esta situación se confirmó en el último pleno municipal de abril escuchando la contestación de la concejala señora Teresa Mateo a una pregunta del concejal popular Vicente Hervás.
Probablemente la desaparición de los republicanos en el consistorio segorbino tenga que ver con la intención del equipo de gobierno de cumplir una sentencia inejecutable, por una denuncia de su ex partido por el que los segorbinos perderían más de tres millones de euros para abonar una ciudad deportiva que se hizo sin coste económico -a cambio de parcelas municipales-.
La señora Mateo a una pregunta del Grupo Popular en la que le solicitaba que explicase a los segorbinos por qué el Partido Republicano presentó en su día una demanda contra el acuerdo tomado en pleno por los concejales populares y socialistas (12 de 13) para realizar una permuta de unas parcelas municipales para la construcción de una ciudad deportiva sin coste económico para los segorbinos. La citada concejal indicó que ella representaba a una agrupación electoral y no al partido republicano por lo que le pasaría la pregunta al citado partido. Es curioso, no lo representa, pero “le pasa preguntas”.
Esta es la situación actual del partido republicano, sin representación municipal, tras haber sido tenido dos alcaldes, el señor Sender y el señor Pedro, este último con el voto del Partido Popular y el CDS. También tuvo un concejal, D. Juan Chiva, integrado en el equipo de gobierno popular de la legislatura 1995-1999.
Finalmente, con D. Nicolás Hervás terminó la historia del republicanismo en la ciudad de Segorbe, aunque nadie lo había contado hasta el último pleno de este mes.
Que Luis Pedro estudio en el seminario?
Con el 200% de seguridad.
No entiendo nada pues si la memoria no me falla esta señora fue concejal republicana en el pasado y ahora que tienen que explicar lo que han hecho contra los segorbinos dice que ella no representa a ese partido.
Mientras continuemos teniendo esta izquierda revanchista, impermeable a las enseñanzas de la democracia y moralmente invertebrada, tendremos que acudir a las urnas con la única misión de que no nos arrasen los inconcebibles jinetes del totalitarismo venezolano.
Si es que no lo pueden remediar. Vienen de una izquierda antigua, setentañista, de póster del Guernica en el dormitorio, de gorra del Che y canción de Víctor Jara, y abrigan en el alma el imaginario reduccionista de la Guerra Fría, el antiamericanismo simplón, el tercermundismo de conferencia de No Alineados, el pacifismo beatífico y hippy de aquel icono de la flor en el casco, los discos de Quilapayún, el cancionero de la Guerra Civil, la Nueva Trova cubana.
Un perfume de tardo progresía que regresa por el túnel del tiempo junto a la chompa de Evo Morales, el uniforme oliva de Chávez, el chándal de Maduro o el pañuelito palestino, en el peor momento, en la circunstancia más inoportuna.
Firmado: Un compañero de clase de Luis Pedro cuando estudiamos juntos en el Seminario de Segorbe.
No os equivoquéis: no es que la concejala republicana esté dando tumbos por pura desorientación. Es que es su estilo.
Las tarjetas rojas a los políticos son una manera civilizada de expresar descontento.
A la izquierda, o se le olvida su oscuro pasado, o, mucho más frecuentemente, no quiere reconocerlo.
Nicolas estará contento pues
El miércoles pasado, los años de displicente y alegre republicanismo quedaron escombrados en cinco segundos de patética auto demolición política. Dentro de un año termina su concejalato y no habrá muchos cohetes que tirar para despedir la etapa de este estrepitoso fracaso de la señora Mateo.
Ella tiene que hacer ostentación de laicidad, marca distancias, y de paso ponerse a salvo de alguna crítica genérica. Eso no es precisamente un gesto de coraje, y acaso sí de mala conciencia. Un gobernante ha de estar a las duras y a las maduras, y ser consecuente con sus decisiones sin escurrir el bulto.
Sólo desde el más ciego sectarismo se pueden cerrar los ojos a esta evidencia que, por fortuna, tanta gente, sabe reconocer como parte de un concepto generoso de la política.