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La incesante lucha del gobierno valenciano por exterminar el castellano se ceba ahora con los clubes deportivos.
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Promoción, impulso y uso exclusivo del valenciano en el ámbito deportivo.
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PSOE y Compromis vuelven a desterrar la cooficialidad de lenguas de la Comunidad Autónoma.
Las entidades deportivas de la Comunidad Valenciana son el nuevo objetivo a batir por el gobierno autonómico en su intento de copiar la hoja de ruta del independentismo catalán. Imponer ideología, acabar con las tradiciones y unificar pensamientos– al más puro estilo dictatorial- son las premisas en las que se fundamenta el desarrollo político de PSOE-Compromis en lo que llevamos de legislatura. Primero se pretendía imponer el valenciano en las aulas, después es las administraciones públicas y ahora se le suma la figura de las entidades deportivas.
Clubes, asociaciones y federaciones de la Comunidad Valenciana son los principales organismos que deberán hacer uso del valenciano. A tenor del artículo 12 del Decreto 2/2018, de 12 de enero, del Consell, por el que se regulan las entidades deportivas de la Comunidad Valenciana: «Las federaciones deportivas promoverán el valenciano cuando ejerzan funciones públicas, y emplearán y respetarán la normativa lingüística oficial vigente».
Tal y como se establece en la Ley del Deporte 10/1990, y se describe en la Ley del Deporte y la Actividad Física de la Comunidad Valenciana, las entidades deportivas » (…) tienen como fin exclusivo la promoción de la salud (…) práctica de una o varias modalidades deportivas y la participación en actividades o competiciones en el ámbito federado (…)». Propósitos en los que no tienen cabida a las apetencias políticas o las imposiciones de carácter ideológico, objetivos que difieren mucho del fin exclusivo del gobierno de Puig y Oltra.
«Paellas Ximo S.L.»
Si las aventuras y más desventuras del bipartito sogorbí nos cansan, no digamos los episodios de la particular serie “la yengua valensiana”.
La severa obsesión lingüística del Gobierno del Botánico es más que cansina. Comienza ya a ser preocupante y también irrita; tanto que, exponerse repetidamente a ella, sin las debidas precauciones, puede producir quemaduras de primer y segundo grado. Lo dicen los expertos.
Cuánto mejor hubiera sido que este gobierno, en vez de obcecarse con el valensiá, se hubiera dedicado a la promoción de la paella valenciana como símbolo supremo de la cultura e identidad -única e irrepetible- del “país”.
En este caso hipotético -aun a riesgo de que les diera por prohibir el jamón serrano- en la escuela ya habría una asignatura troncal de cocina. En ella los niños se familiarizarían con el arte culinario. Huelga decir que los padres y madres estarían encantados con el Consejero y su asociación cultural: “Escola Paellera”.
“Nuestro principal objetivo es que, cuando hayan acabado primaria, dominen las tres especialidades; que sepan hacer por igual la paella valenciana, la tortilla española y el pan tumaca”. Recalcaría orgulloso el alto cargo en la prensa.
La fiesta universitaria de las paellas habría ascendido a la categoría de un exigente máster(chef) de dos años. La música no se resistiría ante tal simpática imposición y las bandas municipales amenizarían los pasacalles interpretando pasodobles que cantaran las beldades de los ingredientes del plato valenciano. Se popularizarían piezas como “El Garrofó montés” y “Suspiros de bachoqueta”.
En las oposiciones, probablemente, se convocaría una fase llamada “concurso de paellas” donde los sufridos aspirantes a la función pública se relajarían en un distendido y sabroso ambiente. No obstante ganaría el mejor o la mejor, paella, claro está.
Por su parte, Oltra, Puig y Marzá, lejos de ser los antipáticos politiquillos que hoy padecemos, se dedicarían a recorrer toda la geografía del antiguo reino, luciendo el gorro cocinero y haciendo paellas gigantes; desde la Vega Baja hasta Els Ports pasando por el mismísimo pico del Peñagolosa, repartiendo, además de buen arroz, kilos y kilos de buen rollito.
No obstante, a pesar de todo esto, seguro que alguna concejala tiquismiquis de Cumprumis osaría denunciar en tuiter a un modesto bar de su localidad por el terrible error-profanación de haberle servido una paella con un poquito de cebolla.
Si se dejaran de rollos con las lenguas y emplearan ese entusiasmo en mejorar la sanidad, entre otras muchas cosas, otro gallo nos cantaría…
A ver cuando se enteran de que al ciudadano de a pie la lengua le importa una miiiiiii….