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TSJ DEVUELVE LAS AULAS QUE EL CONSELL SUPRIMIÓ A 8 COLEGIOS CONCERTADOS
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OTRO REVÉS AL GOBIERNO VALENCIANO DE PSOE-COMPROMIS QUE PRETENDEN COARTAR LA LIBERTAD DE ELECCIÓN DE LAS FAMILIAS.
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MARZÀ QUIERE IMPONER LA HOJA DE RUTA CATALANA EN LA COMUNIDAD VALENCIANA TOMANDO COMO VÍCTIMAS A LOS ESCOLARES.
La izquierda valenciana ha tomado las riendas del «procés» independentista y no tiene otro objetivo que seguir la hoja de ruta catalana en la Comunidad Valenciana. Acabar con la marca España, las tradiciones y las costumbres son parte de las actuaciones que se están emprendiendo desde la Generalidad, sindo los escolares, niños y jóvenes, el blanco fácil del bipartito de Puig y Oltra.
Imponer el valenciano en los centros escolares y utilizar la lengua como elemento de segregación y discriminación entre los alumnos, «trobades pro valenciano»- que van más allá de una simple convivencia entre colegios- donde los ideales, la política y la lengua se imponen enmascaradas con juegos y talleres lúdicos. Supresión de aulas del colegio concertado y acoso y derribo ante centros educativos religiosos son algunas de las medidas que, desde el inicio de esta legislatura, el gobierno de PSOE-Compromis han puesto en marcha en toda la Comunidad.
Desde el seno de las familias, agrupaciones de defensa de la lengua y la libertad, representantes políticos del Partido Popular, así como docentes de la escuela valenciana han tomando cartas en el asunto para frenar este arrollador acoso y derribo a las tradiciones, la pluralidad, el respeto y la libertad. Y, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana (TSJCV) les ha dado la razón. Este organismo declaró la nulidad parcial de «chantaje lingüístico» que la Consellería de Educación ha tratado de imponer cada curso escolar desde que comenzó la legislatura y, ahora, ha estimado parcialmente cinco recursos interpuestos contra la enseñanza concertada contra el reglamento que fija los criterios para el acceso o renovación de los mismos resolviendo los casos particulares de ocho centros educativos que habían recurrido la no renovación o reducción del número de aulas que tenían concertadas. Según declaraciones de Beatriz Gascó, portavoz de Educación del Grupo Parlamentario Popular (GPP), «Vicent Marzà asfixia a la enseñanza concertada porque le molesta a la hora de imponer su modelo de escuela única, como el que se inició hace años en Cataluña para así acabar con la pluralidad y tener manos libres para controlar y manipular (…) sus decisiones no buscan sumar opciones educativas sino combatirlas para poder tener vía libre e implantar el modelo que defiende la izquierda más radical”.
Contra esa libertad de elección educativa también se posicionan los dirigentes de Segorbe, pues el equipo de gobierno del bipartito liderado por Rafael Magdalena, puesto que dieron su apoyo al decreto ilegal y anticonstitucional de «chantaje lingüístico». Además de dar la exclusividad de servicios continuados de la enfermera escolar en sólo uno de los centros educativos de la población, el mismo que recibe ayudas para material escolar entre los alumnos, dejando así exentos de las mismas a 2/3 de los niños y jóvenes de Segorbe.
“Ancha es Castilla”
Hace unos días, me encontré con un viejo amigo -profesor de castellano- el cual, tras los típicos saludos y una conversación superflua, me comentó -con cierta preocupación- los detalles de una disputa que había mantenido con un alumno de universidad, ya mayorcito y –en apariencia- sobradamente cultivado. En pocas palabras, el profesor de español discrepa de las políticas lingüísticas del Consell y -en el transcurso de un espontáneo debate- así se lo hizo notar a aquel individuo que parecía más afín a Compromís que un podemita al Intermedio.
Lo que el docente no esperaba es que, a la primera de cambio, su interlocutor -quizá ya desarmado de sus frágiles argumentos- le espetara: “El que tu no vols és parlar el valencià, la teva llengua, veritat? doncs vesten d´ací!! Vesten, vesten… què ancha es Castella!!”
El veterano profesor no solo quedó estupefacto por el contenido de la frase sino también por la forma en la que fue proferida, pues hirientemente contrastaba -en todo y sobremanera- con las réplicas respetuosas de las que el docente se servía para justificar su opinión.
Tras mi encuentro y conversación con el profesor, ansioso por comprobar si lo ocurrido en su discusión era un caso aislado; saqué a debate el tema de las políticas lingüísticas del Consell en cuatro ocasiones y con cuatro diferentes interlocutores, todos próximos a la ideología nacionalista, siempre, intentando justificar educadamente por mi parte que las políticas de inmersión no eran apropiadas.
El resultado de este experimento tabernario fue que tres de mis rivales también me invitaron vergonzosamente a abandonar la comunidad, “ancha es Castilla” igualmente algunos afirmaron. Mención especial merece el último de los rifirrafes en el cual; un paisano me dijo –con aire paternal- que me “pirara” si no estaba de acuerdo con los “que mandan” y “apoyan a la mostra yengua”. Cuestión a tener en cuenta es que, paradójicamente, el feliz sujeto -oriundo de un pueblo tan churro que podría estar perfectamente hermanado con el chocolate a la taza- cree que “els pronoms febles” son frutas exóticas y que Tirant lo Blanc fue un popular galán de comedias, en tiempos de Franco.
No quiero generalizar. Diré por ello que, sin duda y a pesar de todo, España es un gran país, formado por grandes personas pero, no obstante, es indudable que hay españoles como estos a los que si, además, se le otorga cierta influencia acaban por resucitar actitudes oscuras que apelan a las tinieblas de nuestra historia más propia. Gente que es incapaz de entender que una nación es un proyecto de solidaridad entre conciudadanos y regiones donde nadie sobra. Personas que además -por tal desconocimiento- llegan a la nefasta conclusión de que ya sea por dogmas religiosos, opiniones políticas, o nivel cultural ciertos ciudadanos merecen ¡justamente! abandonar su región o país y renegar de su tierra. Gente que, al fin y al cabo, desea apropiarse en demasía del terruño que -en delirio individualista- sienten solamente suyo y que, asimismo, anhelan en esencia no tener a quien justificar el porqué de sus políticas o conductas; muchas veces irracionales, interesadas y harto impositivas.
Es duro pero cierto, este recurso de exclusión, de silenciar y de ignorar al señalado -ya sea en modo contundente o de manera sibilina y fría- implementado por aquellos que han sabido (o podido por mero rebote) manejar los hilos del poder y que solo responden a un egoísmo mediocre cuando no a una extremismo funesto: se utilizó, se utiliza y se utilizará. Incluso en eximia democracia. Sin embargo, ayer como hoy y mañana -independientemente de los medios a los que los excluyentes recurran- frente al “vete de aquí” siempre permanecerá el “no me voy” o lo que es lo mismo: el coraje y la tenacidad de los ciudadanos ejemplares que no saben ni quieren ceder a injustas imposiciones o a míseros chantajes; no solo por su bien, también por el de todos.
“Me quedaré en mi tierra aunque solo sea para recordarles que quizá Castilla es tan ancha para compensar la estrechez de miras que padecen“. Concluyó, esbozando una extraña sonrisa, forjada por mil batallas; el veterano profesor de español.