ESCOLA VALENCIANA Y SU DESCRIPCIÓN DELS «PAÏSOS CATALANS»

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  • Escola Valenciana disfruta de una subvención de 300.000 euros concedido por el gobierno de Ximo Puig.
  • La entidad nacionalista engloba a la Comunidad Valenciana en el mapa dels «Països Catalans».
  • La Comunidad Valenciana NO corresponde als «Països Catalans», ni los ciudadanos sienten el catalán como su lengua de identidad.

Escola Valenciana se presenta como una fundación en pro de la lengua valenciana pero su creciente radicalización es un hecho tangible que trata de hacer mella en la Comunidad, sobre todo, entre los colectivos más vulnerables.  A través de «Trobades Escolars», talleres, música, cine y manifestaciones enmascaradas pretenden imponer algo más que una lengua, una forma de vida, unas ideas y un modo de pensar. Imposición en todo el territorio, aunque con mayor fuerza en zonas de habla castellana, como el Alto Palancia, pues el pasado año, en el municipio de Altura se dieron cita escolares de la comarca en torno a una jornada reivindicativa que sorprendió a muchos padres

La entidad mostró su apoyo al separatismo catalán en la votación ilegal y, siguiendo su cometido, trata de imponer su doctrina y hoja de ruta en toda la sociedad valenciana. A través de un falso mapa político, Escola Valenciana, manifiesta la unión de Cataluña, Comunidad Valenciana y las Islas Baleares bajo la nomenclatura dels «Països Catalans». Del mismo modo, se muestra en porcentaje, el sentimiento de identidad lingüístico-catalana de la sociedad en cada una de las comarcas que representan las tres comunidades. Toda una farsa que la sociedad rechaza y genera discrepancias entre los valencianos.

Tanto a nivel autonómico, como municipal, la izquierda valenciana de PSOE, Podemos y Compromís son los principales partidos que respaldan a esta «entidad independentista», ya sea con subvenciones, cediéndoles protagonismo en el día a día o aceptando ser sede de sus «Tobades Escolars».

 

 

 

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Comments 5

  1. Anónimo says:

    No son buenos tiempos para la coherencia. Por lo visto, esta época es mucho más propicia para la contradicción. Y, desde luego, es excelente para los apóstoles de la incongruencia, esos listillos que creyéndonos mermados, saben, además, hacer un buen negocio en el mercado del contrasentido.

    Que, en la Comunidad Valenciana, con el tema del valencià/català, bailemos todos al ritmo de una soez y descompasada sardana sería medianamente lógico si fuéramos gobernados por nacionalistas, con mayoría absoluta, me refiero. Pero, no siendo así, el fenómeno impositivo de la llengua y su parcial asunción por la sociedad es una contradicción que lejos de ser impulsada por una mayoría (recordemos que el nacionalismo solo ha calado en el 16,6% de la población valenciana) es, mejor dicho, indiscutida por ella o por una buena parte de ella.
    Seamos claros, según esta opinión, la imposición de la llengua no posee una justificación objetiva -ni democrática- de suficiente peso, si se observa fuera del emocional prisma nacionalista.

    Las argumentaciones oficiales yerran en lo esencial pues se han construido sobre la falacia de asociar un atributo ético y humano (el de la igualdad) a un sistema de comunicación verbal (las lenguas).

    Las políticas lingüísticas, en consecuencia, implementan procesos quiméricos que pretenden -según dicen- igualar el uso de las dos lenguas oficiales, sin embargo estas no son (ni serán) iguales porque, además de sus diferentes características, de su diversa utilización condicionada por fuertes motivos territoriales, sociales e históricos; NO TIENEN PORQUÉ SERLO, incluso por mucho que las dos ostenten la oficialidad en esta autonomía.

    Cabe recalcar, ante este confuso asunto, que iguales -en derechos- somos las personas no las lenguas que utilizamos para comunicarnos. Y hace falta reafirmarlo, sobre todo, porque paradójicamente son estos derechos –los verdaderos y humanos- los que se ponen en riesgo cuando se pretende luchar desnortadamente por los “derechos” figurados de los idiomas.

    Y lo digo tras leer una noticia que nos comunica que un millar de profesores interinos han pasado al paro por no poseer el dichoso requisito lingüístico.

    En este caso, un derecho, el del trabajo digno -reflejado en la Constitución que tanto le gusta a Compromis- se niega rotundamente porque prima la llengua, su imposición y normalización. Prima el halo sagrado que el nacionalismo le otorga. Priman los derechos inventados de una lengua de unos países inventados con el contradictorio beneplácito de un partido que dice ser de los trabajadores, empero; a todas luces y en estas circunstancias, aparenta ser el lacayo de los depositarios de aquellos rancios burgueses que, en un mal día, creyeron ser “nació” además de clase privilegiada.

    Contradicciones. Nada más.

  2. Anónimo says:

    El sistema educativo español ha conseguido en los últimos veinte años un elocuente prodigio: con más escuelas que jamás en la Historia, este país tiene una de las peores tasas de eficacia docente de Europa. Nuestros alumnos naufragan de modo clamoroso en matemáticas, en comprensión y en lengua, dándose además la contumaz circunstancia de que, en determinadas autonomías, salen del colegio funcionalmente analfabetos en dos idiomas.

    Les transmitimos una ignorancia enciclopédica sobre los grandes asuntos de la Humanidad, les manipulamos la Historia, les acortamos el horizonte de la Geografía según los límites de cada aldea, les recortamos la Ciencia, les adelgazamos la Filosofía. Pero, eso sí, el conselle Marzá procura con ardor que estén perfectamente al día de los últimos tópicos ideológicos, y concentra su esfuerzo en la batalla sobre la religión, las virtudes cívicas y su particular visión del mundo.

    Este catecismo de la progresía, tan solidario y benéfico, tan antiglobalizador y ecologista, se acabará hundiendo solo en el descrédito de las «marías», pero ilustra el empeño estatalista en invadir la esfera privada de los ciudadanos con una doctrina ética adaptada a la ideología dominante.

    En vez de atornillar el conocimiento esencial, desplegamos toda la energía en la entronización de la banalidad accesoria. Sacaremos de la escuela niños muy antiglobalizadores, muy concienciados y muy pacifistas, pero la mayoría seguirá sin saber resolver una ecuación de segundo grado.

    Y los inspectores europeos, tan antipáticos, volverán a evaluar nuestro sistema con sus odiosos test de convencionalismo científico: suspenso. No promociona.

  3. Anónimo says:

    Pero qué pesados son los nacionalistas. Qué cargantes, qué insufribles, qué plastas. Nunca se cansan de dar la matraca, jamás se toman un respiro en su cantinela excluyente ni sienten desmayo en su insistente porfía. No conocen el sentido del ridículo ni del pudor; siempre tienen un demonio que agitar, un fantasma que perseguir, un agravio del que dolerse.

    Los nacionalistas ejercen de la mañana a la noche, veinticuatro horas sobre veinticuatro, dando la tabarra en el trabajo, en la escuela, en la calle, en el amor, en la familia, en los sentimientos, en el cine, en el ocio, en el deporte. Qué pesadilla.

    Esto es lo que hay. Mejor dicho, esto es lo que hemos permitido.

  4. Anónimo says:

    La lengua es la herramienta de que se vale el nacionalismo para inventar una nación y convertir el particularismo cultural en un discurso de exclusión política. El modelo excluyente al convertir el idioma en un instrumento separador destinado a articular el nacionalismo como una verdadera obligación ciudadana.

    Bajo la coartada de salvar una postergación histórica que ya no existe ni de lejos, el nacionalismo otorga al valenciano una primacía desproporcionada en la vida pública que de hecho reduce el castellano -y a sus hablantes- a una posición claramente postergada.

    Se trata de un gravísimo fenómeno de exclusión inaceptable en una democracia igualitaria, que el Partido Socialista ha promovido y/o aceptado de forma tan sorprendente como inadmisible. El socialismo valenciano se va a hacer cómplice de una tropelía histórica.

    Contagiado del delirio nacionalista, el Partido Socialista está cambiando poder por libertad, y es probable que acabe perdiendo las dos cosas cuando resulte demasiado tarde.

  5. Anónimo says:

    Los nacionalistas de Compromís han instituido en Valencia su propio régimen y le han añadido un hecho diferencial: la exclusión de los que no comparten su delirio aldeano.

    Y Timo Puig traga. Vaya si traga. Ojalá sólo trague eso.

    Somos los ciudadanos los que debemos alzar la voz para denunciar la burda maniobra con que nos quieren dar gato por liebre. Ya está bien de tonterías.

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