viernes, 31 julio, 2026

Juan José Ferrer: «Las Mujeres Están Rompiendo Barreras en la Caza, Representando Ya el 20% entre los Jóvenes»

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En las brumosas mañanas de octubre, cuando el sol apenas despunta sobre los montes de Castellón, miles de cazadores se adentran en los bosques con una mezcla de tradición y responsabilidad. Juan José Ferrer, el segorbino al frente de la Federación de Caza de Castellón, sabe bien de qué va esto. En una entrevista exclusiva concedida a Carmen Tomás para el Periódico Mediterráneo, el pasado 19 de octubre –y que ha resonado en las redes de la Federación de Caza de la Comunidad Valenciana y el Club Deportivo de Caza La Diana Segorbina–, Ferrer pinta un panorama optimista para la temporada cinegética que acaba de arrancar. Pero no todo es idílico, entre retos generacionales y burocráticos, el sector busca equilibrar la pasión por la caza con la conservación del entorno.

La campaña general de caza echó a andar el 12 de octubre, bajo un cielo caprichoso que trajo lluvias en muchas zonas de la provincia. «En muchas zonas de la provincia se ha iniciado con lluvias, pero con la misma ilusión de siempre», relata Ferrer, un hombre curtido en los senderos y las normativas que regulan esta actividad ancestral. Castellón, con su mosaico de hábitats –desde sierras abruptas hasta llanuras fértiles–, ofrece un paraíso para los aficionados. «Es una provincia muy rica y diversa en hábitats, y eso se refleja en la variedad de especies y modalidades», explica. La temporada se extenderá hasta el 6 de enero, un periodo en el que, según Ferrer, el conejo se erige como la «especie estrella» en áreas con superpoblación, siempre bajo el paraguas de la Orden General de Vedas y los planes técnicos de cada coto.

Detrás de estas salidas al campo hay un ejército de dedicados: más de 11.000 cazadores federados en Castellón y alrededor de 36.000 en toda la Comunidad Valenciana. Las cifras se mantienen estables, un logro en tiempos de cambios demográficos. Sin embargo, Ferrer no oculta las sombras: «La falta de relevo generacional es uno de los retos que tenemos por delante». Para combatirlo, la Federación impulsa proyectos que acerquen la caza a los más jóvenes, transformándola en una experiencia educativa y respetuosa con la naturaleza.

Y es aquí donde brilla un cambio sutil pero transformador: la irrupción de las mujeres en un mundo tradicionalmente masculino. «El 95% de los cazadores siguen siendo hombres, pero entre los más jóvenes el porcentaje se aproxima ya a un 80-20%, lo que demuestra que las mujeres están ganando presencia poco a poco», afirma Ferrer con orgullo. A través de la Escuela de Caza y Naturaleza, se organizan talleres y jornadas que no solo forman en técnicas cinegéticas, sino que enfatizan el respeto al medio ambiente. «Las mujeres van ganando presencia poco a poco y ya son el 20% en el colectivo más joven», reitera, un dato que simboliza un sector en evolución, abriéndose a nuevas voces y perspectivas.

El clima, ese factor impredecible, también juega su papel en esta narrativa. Un año húmedo seguido de un verano abrasador podría haber desequilibrado las poblaciones, pero los cazadores no se cruzan de brazos. «El medio natural siempre está condicionado por el clima, pero los cazadores somos conscientes de ello y trabajamos todo el año para compensar los efectos», dice Ferrer. El sector invierte anualmente más de 16 millones de euros en mejoras del hábitat: bebederos, siembras y gestión de fauna que benefician no solo a las especies cinegéticas, sino a todo el ecosistema. «Invertimos más de 16 millones de euros anuales en mejoras del hábitat, bebederos, siembras y gestión de fauna», subraya, destacando cómo esta labor trasciende la mera afición para convertirse en una herramienta de conservación.

Pero la caza no es solo pasión y preservación; es también un compromiso económico. Ferrer detalla que los costes varían según la zona y la modalidad, especialmente en áreas con sobreabundancia donde el esfuerzo es mayor. Los gastos fijos incluyen seguros, licencias, munición, el mantenimiento y alimentación de perros, visitas al veterinario, aportaciones al coto y desplazamientos. «Más allá del coste económico, los cazadores dedican tiempo, esfuerzo y recursos al cuidado del monte y la fauna durante todo el año», apunta, recordando que esta dedicación va más allá de las temporadas de veda.

En los montes, donde convergen cazadores, senderistas y deportistas, la convivencia no siempre fluye sin roces. Ferrer defiende la compatibilidad: «La caza y el resto de actividades en el medio natural son perfectamente compatibles si existe respeto, información y planificación». Sin embargo, reclama al Gobierno valenciano un reconocimiento mayor para la caza, una actividad regulada hasta el extremo y esencial para gestionar poblaciones y prevenir daños. «Hay una cosa clara, los cazadores desarrollamos en la mayor parte del territorio una actividad impuesta por la propia administración, en la que invertimos tiempo, recursos y esfuerzo», argumenta. El sector busca igualdad de condiciones con otros usos del territorio, priorizando su función social y ambiental.

Un rayo de esperanza llega con el reciente decreto de ungulados, que Ferrer ve como un paso adelante contra la burocracia asfixiante. «La burocracia ha sido hasta ahora uno de los principales obstáculos para poder actuar con rapidez ante situaciones de sobreabundancia», lamenta. Confía en que esta norma agilice los procedimientos: «Este nuevo decreto puede ayudar a simplificar los procedimientos y facilitar el trabajo de los cazadores, aunque todavía queda mucho camino por recorrer». La Federación, asegura, seguirá colaborando con la administración para una gestión más ágil y adaptada al terreno.

Al final del día, la historia de Juan José Ferrer y los cazadores de Castellón es una de equilibrio: entre tradición y modernidad, entre humanos y naturaleza. Mientras las mujeres y los jóvenes se suman al colectivo, el sector no solo caza, sino que cuida, invierte y evoluciona. En palabras de Ferrer, es un compromiso que trasciende las escopetas. «Desde la Federación seguiremos colaborando con la administración para que las medidas se traduzcan en una gestión más ágil, eficaz y adaptada a la realidad del territorio». Y así, en los montes de Castellón, la caza sigue escribiendo su capítulo, uno de respeto y renovación.

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