El sol de septiembre, alto y sereno, marcaba las dos en punto cuando el silencio se hizo dueño de la calle Colón. Solo el repiqueteo de los cascos sobre el empedrado y la expectación contenida de miles de gargantas precedían al estruendo. Entonces, como una llamarada, la carcasa rompió el aire. Y en ese instante, Segorbe volvió a detener el tiempo.
De golpe, los portones se abrieron y seis toros, guiados por el manso “Mexicano” y escoltados por once caballistas, irrumpieron en una carrera vibrante que en apenas 51 segundos devolvió a la ciudad la esencia de su fiesta más universal: la Entrada de Toros y Caballos, declarada de Interés Turístico Internacional desde hace ya dos décadas.
- Una semana de excelencia que encontró su broche de oro
Siete días, siete Entradas. Cada jornada a la misma hora, la misma calle, la misma expectación. Y, sin embargo, ninguna igual a la anterior. La de este domingo, la séptima y última, condensó toda la intensidad de una semana que ha transcurrido sin incidentes, con organización impecable y con un público entregado, que abarrotó Segorbe como cada año para vivir un espectáculo único en el mundo.
La alcaldesa, Mª Carmen Climent, acompañada por autoridades autonómicas como el conseller Miguel Barrachina o la senadora Amparo Marco, encabezó el palco institucional. Pero el verdadero protagonismo estuvo, una vez más, en la arena invisible de la calle Colón, donde los caballistas se convirtieron en héroes.
- Los once guardianes de la manada
Hoy cabalgaron: Ramón Ardít Picó, Ramón Ardít Punter, Juan Antonio Calpe Cazorla, Luis Aparicio Morelló, Daniel Palomar Garnes, Andrés Berbís Fajardo, Iván Barroso García, Patxi Guerrero Plasencia, Nerea Alandí Zarzoso, Alfonso Alandí Pertegaz y Alfonso Alandí Zarzoso.
Sus nombres, repetidos como letanías por los aficionados, simbolizan el sacrificio, el temple y la destreza que requiere guiar a los astados hasta la plaza de la Cueva Santa. Cada uno, con su estilo y su experiencia, aporta un matiz distinto a la coreografía arriesgada de la Entrada.
La carrera de hoy fue veloz y hermanada, aunque no exenta de emoción. Un pequeño contratiempo con el veterano Ramón Ardít Picó, cuyo caballo quedó por unos segundos en medio de la manada, puso un punto de tensión. La calle contuvo el aliento. Pero la experiencia hizo el resto: Ardít supo templar, reconducir y salir indemne. “La veteranía es un grado”, se escuchó en el palco, mientras el público reconocía con una ovación un gesto que simboliza lo imprevisible y grandioso de este festejo.
- La calle que se abre como un mar humano
Si hay una imagen que define la Entrada, es la de la multitud abriéndose al paso de los caballos y los toros. Desde balcones y aceras, miles de personas miraban, fotografiaban, gritaban o simplemente callaban para grabar en la memoria una escena irrepetible.
La calle Colón, siempre abarrotada, se convirtió una vez más en escenario de una sinfonía de cascos, resoplidos y corazones acelerados. “Esto hay que vivirlo aquí; nada se le parece”, comentaban los visitantes que, año tras año, regresan atraídos por la fuerza magnética de Segorbe.
- Despedidas que emocionan: el adiós de “Greco”
La última Entrada trajo también un momento cargado de emoción: la despedida de “Greco”, el caballo del caballista Daniel Palomar, que hoy realizó su última carrera antes de la jubilación. Entre vítores y aplausos, el jinete y su inseparable compañero recibieron el reconocimiento del pueblo de Segorbe.
“Seguro que Dani ya prepara a otro caballo para el futuro, pero el nombre de Greco quedará unido a estas Entradas”, se escuchaba entre los comentarios de veteranos aficionados. No era un adiós triste, sino agradecido: una ovación larga, como quien despide a un amigo.
- Reconocimiento a los protagonistas
Al finalizar la carrera, el Ayuntamiento entregó a los caballistas las placas y flores que cada año reconocen su labor. No son trofeos de valor económico, sino sentimental: recuerdos que se guardan como testimonio del esfuerzo, la valentía y la entrega.
“Sin ellos, la Entrada no sería posible”, subrayó la alcaldesa. Y es que la ciudad entera lo sabe: esta fiesta gira en torno a esos hombres y mujeres que, jugándose el tipo, mantienen viva la tradición que distingue a Segorbe en todo el mundo.
- Generaciones que sostienen la tradición
Entre los caballistas hay apellidos que se repiten, padres que cabalgan junto a sus hijos, familias enteras implicadas en cada detalle de la fiesta: emboladores, cortadores de cuerdas, raberos. Para ellos, no es solo una celebración; es un legado.
La familia Alandí, la familia Ardít, la familia Palomar… nombres que son historia viva y futuro de la Entrada. Como decía uno de los veteranos: “Aquí nadie es eterno; por eso la transmisión es fundamental. Y Segorbe ha sabido asegurar su relevo generacional”.
Seguridad y emoción: una fiesta que se cuida
La semana se cierra sin incidentes reseñables, algo que tanto la corporación municipal como la comisión taurina celebran como un triunfo colectivo. Porque, aunque la Entrada es riesgo y adrenalina, la seguridad y el respeto siempre están por encima.
El esfuerzo de quienes trabajan en toriles, de los voluntarios, de la organización, se refleja en cada carrera: puertas que se abren en el momento exacto, toros que salen en bloque, caballistas atentos a cada detalle. La perfección de lo invisible que permite la espectacularidad de lo visible.
- Un pueblo que late al ritmo de su fiesta
La séptima Entrada de 2025 cierra así un capítulo brillante de la historia de Segorbe. Una semana marcada por la afluencia masiva de visitantes, por el reconocimiento a la tradición y por la emoción de ver que la identidad de un pueblo sigue latiendo fuerte.
La tarde aún guarda más emociones: la XL edición del concurso de ganaderías, con la participación de Germán Vidal de Cabanes, pondrá el último punto y aparte a esta semana de toros. Pero el espíritu de la Entrada ya ha cumplido su misión: recordar a todos que Segorbe es sinónimo de fiesta, de riesgo, de tradición y de orgullo compartido.
- La promesa del regreso
Cuando las calles vuelvan a la calma y los caballos reposen, quedará en el aire la certeza de que todo lo vivido esta semana no es un final, sino un comienzo. Porque mañana, Segorbe ya empezará a soñar con las Entradas del próximo año.
Y como cada septiembre, a las dos en punto, la ciudad volverá a contener el aliento.

