Remontada incompleta del Viveros Mas de Valero en un estreno de infarto ante el Puçol FS

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El Viveros Mas de Valero dio el pistoletazo de salida a la temporada 2025/26 con un empate (2-2) que dejó un regusto agridulce en el pabellón municipal de Segorbe, pero que a su vez desató la pasión de una afición entregada en plena vorágine de la semana de toros. En un sábado donde los cencerros y el rugido de la fiesta taurina resonaban en las calles, el duelo ante el Puçol FS se convirtió en una auténtica batalla deportiva, un choque de titanes que mantuvo a los espectadores al borde de sus asientos. Los segorbinos, con garra y corazón, lograron levantar un 0-2 en contra, pero se quedaron a las puertas de una remontada completa que habría hecho estallar de júbilo el coliseo amarillo.

El Puçol FS, un adversario que en los últimos años se ha convertido en sinónimo de sufrimiento para el Viveros, llegó a Segorbe dispuesto a amargar el estreno liguero de los locales. Desde el pitido inicial, el encuentro fue un torbellino de emociones. Ambos equipos, con las piernas frescas y la ambición intacta, intercambiaron golpes en un arranque vibrante. Radu, el cancerbero segorbino, se erigió como un titán bajo palos, desbaratando con reflejos felinos los primeros zarpazos del Puçol. En el otro lado de la pista, Iker Flores y Jesús Calvo, los estiletes amarillos, rozaron el gol en un par de ocasiones que hicieron contener el aliento a la grada. Sin embargo, cuando el reloj marcaba el minuto 11, un error en la salida de balón del Viveros permitió al Puçol asestar el primer golpe: un gol que cayó como un mazazo y puso el 0-1 en el electrónico.

Lejos de venirse abajo, el Viveros reaccionó con furia. Los de Segorbe apretaron los dientes y buscaron el empate con ahínco, pero la defensa valenciana y un inspirado portero visitante mantuvieron a raya las embestidas locales. La primera parte, intensa y disputada, se cerró con la mínima ventaja para el Puçol, dejando al Viveros con la sensación de que el partido estaba vivo, pero con la necesidad de afinar la puntería para dar la vuelta al marcador.

La segunda parte arrancó con el Puçol decidido a sentenciar. Apenas unos segundos después del pitido, un disparo visitante se estrelló en el palo de Radu, desatando un murmullo de alivio en las gradas. La réplica del Viveros no se hizo esperar: Bruno, con un latigazo desde media distancia, también hizo temblar el larguero rival, recordando que los segorbinos no estaban dispuestos a rendirse. Sin embargo, el guion se complicó aún más en el minuto 7, cuando el Puçol aprovechó la corta rotación del Viveros —lastrado por un banquillo menos profundo de lo habitual— para marcar el 0-2 tras una jugada vertiginosa. El pabellón enmudeció por un instante, pero en Segorbe, donde el espíritu de lucha es parte del ADN, la palabra rendición no existe.

Con el marcador en contra y el tiempo corriendo, el Viveros Mas de Valero sacó a relucir su orgullo. La afición, que no dejó de empujar ni un solo segundo, se convirtió en el sexto jugador, y los amarillos se lanzaron a por la remontada con una intensidad que hizo vibrar el parqué. En el minuto 12, Iker Flores, tras una asistencia milimétrica de Ferrán, desató la locura con un golazo que recortaba distancias (1-2). El tanto fue un chute de adrenalina para los locales, que apenas un minuto después encontraron el empate. Jesús Calvo, siempre atento, recogió un rechace en el área y, con la frialdad de un Iker, puso el 2-2 en el marcador. El pabellón estalló, y la remontada parecía estar al alcance de la mano.

Con el empate, el Viveros se lanzó con todo en busca del tercer gol. La afición rugía, el equipo volaba sobre la pista, y las ocasiones se sucedían. Pero el portero del Puçol, convertido en un auténtico muro, frustró una y otra vez las acometidas segorbinas. Un disparo de Iker, un remate de Ferrán, una jugada colectiva que rozó la perfección: todo se topaba con las manos del guardameta valenciano, que parecía imbatible. Con el paso de los minutos, el cansancio comenzó a hacer mella en los locales, que habían gastado una energía titánica en su reacción. El Puçol, más fresco y con un banquillo más amplio, recuperó el control del partido y empezó a merodear la portería de Radu, aunque sin la claridad necesaria para volver a adelantarse.

En los instantes finales, el Viveros supo cerrar filas y defender con uñas y dientes el punto conquistado. El empate, aunque no colmó las expectativas de una afición que soñaba con la victoria, dejó un sabor de boca positivo. En un partido condicionado por la exigencia de un rival de entidad y por el ambiente festivo de la semana de toros, los segorbinos demostraron que tienen garra, talento y hambre de gloria. El punto inaugural es una base sólida para un equipo que, bajo la batuta de su técnico, promete dar guerra en la temporada 2025/26.

Con el debut liguero ya en el retrovisor, el Viveros Mas de Valero pone ahora la mirada en un hito histórico: su estreno en la Copa del Rey. Este miércoles, el Albacete FS visitará Segorbe en un choque que promete emociones fuertes. La afición ya calienta gargantas, el equipo afila sus armas, y la ciudad entera se prepara para vivir otra noche de pasión por el fútbol sala. Porque en Segorbe, ya sea con toros o con un balón, la entrega siempre está garantizada.

 

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