Ayer por la tarde, la parroquia de Santa María en Segorbe cerró su centenario con una celebración que reunió a mucha gente. El evento marcó los cien años desde la consagración de la iglesia, que ocurrió en 1925. Todo empezó con una procesión que llevó el Santísimo desde la catedral hasta la parroquia, pasando por calles como Santa María, la plaza del Almudín, la plaza de San Pedro y la calle Colón. Muchos fieles se unieron al recorrido, que terminó en la misma parroquia.
Allí, el obispo de Segorbe-Castellón, Casimiro López Llorente, presidió una eucaristía que puso el punto final a un mes de actividades en noviembre. Asistieron feligreses, religiosos, representantes de instituciones, sacerdotes locales y un coro con orquesta que animaron la liturgia. El obispo dio las gracias a todos y señaló que el momento era especial porque coincidía con el inicio del Adviento, un tiempo para renovarse y tener esperanza.
En su homilía, recordó cómo se recuperó el templo a partir de 1922, gracias al impulso del obispo Luis Amigó, y se consagró el 19 de noviembre de 1925. Desde entonces, la iglesia ha sido un lugar donde generaciones han crecido en la fe. Mencionó a pastores, catequistas, voluntarios y fieles que han construido la comunidad con su trabajo, visible o no.
Basado en las lecturas del día, el obispo dio tres consejos para el futuro: escuchar, despertar y vigilar. Habló de la parroquia como un monte donde la gente acude por el amor de Dios, no por fuerza. Ha sido un sitio de paz, reconciliación y esperanza para niños, jóvenes, familias, ancianos y personas en necesidad. Invitó a dejar la rutina y el desaliento, a renovar la fe en este Adviento, y a estar atentos a la llegada de Dios en la vida diaria, a través de la palabra, los sacramentos y las personas.
Animó a mirar adelante con esperanza, ya que este centenario es un nuevo inicio para vivir y compartir la fe. Insistió en que la parroquia vive si se basa en Cristo y si cada miembro es una piedra viva en una comunidad acogedora. Destacó la necesidad de evangelizar a niños, adolescentes y jóvenes, ofreciéndoles a Cristo con sencillez. Recordó que la misión es anunciar el Evangelio a todos, con la compañía de Cristo, el Espíritu y la Virgen María.
La eucaristía terminó con una oración de gracias por el pasado y una petición para que, en cien años más, la comunidad siga siendo viva y misionera. Así, con un ambiente de fiesta y oración, la parroquia de Santa María honró su historia, agradeció a quienes la hicieron posible y se comprometió a seguir difundiendo el Evangelio en Segorbe.

