Cada primer sábado de octubre, Segorbe se une en una muestra de fe y tradición para celebrar la Romería al Santuario de la Cueva Santa, patrona de la ciudad y de la Diócesis de Segorbe-Castellón. Este año, como marca la costumbre, cientos de segorbinos recorrieron los 14 kilómetros que separan la ciudad del santuario, a pie, en coche o a caballo, para honrar a la Virgen de la Cueva Santa, cuya devoción, arraigada desde el siglo XVI, sigue siendo un pilar de la identidad local.
La jornada comenzó a las 8:00 de la mañana con una chocolatada y ensaimadas en la explanada del santuario, un gesto del Ayuntamiento que, según la Asociación de Romeros de la Cueva Santa, organizadora del evento, busca “reunir a la población desde primera hora, fomentando el espíritu de unión”. Aunque el fuerte calor, con 29ºC a las 15:30 en la capital del Palancia, pudo haber reducido la asistencia inicial a medio centenar de peregrinos en la salida oficial, la devoción no decayó.
En la plaza de la Cueva Santa, la alcaldesa, Mª Carmen Climent, acompañada por miembros de la corporación municipal, encabezó la comitiva junto a las Reinas Mayor e Infantil de las Fiestas, Noelia Simón Lázaro e Isabel Moya Martínez. Los romeros impusieron a las reinas los tradicionales pañuelos blancos bordados con la imagen de la Virgen, mientras el párroco de la Iglesia de San Pedro y Deán de la Catedral-Basílica, Federico Caudé, dirigió el rezo de la Salve Regina, dando un inicio espiritual a la peregrinación. A lo largo del trayecto, el Ayuntamiento obsequió a los participantes con agua y un detalle, un gesto simbólico que añadió calidez a la marcha.
Para garantizar la accesibilidad, se dispuso un servicio de autobuses gratuito desde la calle Alicante a las 17:00, con regreso desde el santuario, asegurando que nadie quedara fuera por limitaciones de movilidad.
El acto central de la jornada fue la Santa Misa, oficiada por el Excmo. y Rvdmo. Sr. Obispo, Casimiro López, en la cueva natural que alberga la ermita, un espacio místico donde la pequeña imagen de la Virgen, atribuida según la tradición a Fray Bonifacio Ferrer, ha inspirado siglos de devoción. Tras la ceremonia, al caer la tarde, la procesión de antorchas hacia la Cruz iluminó la montaña segorbina. Acompañados por el canto del Santo Rosario, interpretado por el coro de la Catedral, los romeros, con las Reinas Mayor e Infantil de las Fiestas, Noelia Simón Lázaro e Isabel Moya Martínez y sus Damas y Cortes de Honor a la cabeza, crearon un espectáculo de fe que evocó la historia de esta tradición.
Quince minutos después de la procesión, los autobuses regresaron a Segorbe, cerrando una jornada cargada de emoción y espiritualidad.
El domingo 5 de octubre, la romería continuó con un tono más reflexivo. A las 11:00, el coro de la Catedral cantó una Misa en sufragio de los romeros difuntos, un acto íntimo que honró a quienes han sostenido esta devoción a lo largo de los años. Sin autobuses organizados para esta jornada, los asistentes planificaron su desplazamiento al santuario, donde la capilla, construida a finales del siglo XVI, acogió este momento de recogimiento.
La Virgen de la Cueva Santa, hallada por un pastor en una cueva que servía como aprisco de ganado, sigue siendo objeto de devoción cinco siglos después. Numerosos milagros y curaciones extraordinarias se le atribuyen, y su imagen, en el corazón de una ermita tallada en la roca, continúa uniendo a los segorbinos en una romería que trasciende el tiempo, tejiendo fe, historia y comunidad en cada paso.

