En las estribaciones de la sierra de Calderona, donde el tiempo parece haberse detenido entre los pliegues de la tierra, las masías de Segorbe se alzan como guardianas de un legado que ha definido la identidad de esta localidad del Alto Palancia durante siglos. Estas construcciones rurales, antaño epicentros de la vida agrícola y ganadera, son mucho más que estructuras de piedra y teja; son cápsulas del tiempo que encierran historias de esfuerzo, comunidad y supervivencia.
Este viernes, a las 19:30 horas, el Teatro Serrano de Segorbe se convertirá en el escenario de un emotivo homenaje a este patrimonio con la presentación de Masías de Segorbe, un libro de Plácido Benet Muñoz que rescata del olvido la historia de dieciséis de estas emblemáticas construcciones, muchas de las cuales yacen hoy entre ruinas cubiertas por la vegetación o resisten, estoicas, el paso de los años.
La obra, editada gracias al respaldo del Instituto de Cultura del Alto Palancia, el Ayuntamiento de Segorbe y Construcciones Zarzoso, es un testimonio de amor por la tierra y sus gentes. Plácido Benet, cuya trayectoria como educador en la localidad se remonta a hace seis décadas, ha dedicado gran parte de su vida a documentar y preservar el patrimonio cultural de Segorbe.
Este libro, que reúne artículos publicados por el autor hace veinte años en la prensa local, es el resultado de un trabajo meticuloso que combina investigación histórica, sensibilidad narrativa y un profundo compromiso con la memoria colectiva. «Estas masías no son solo piedras y tejas; son la historia viva de nuestras familias rurales, de los oficios tradicionales y de una forma de vida que merece ser recordada», declara Benet, cuya voz resuena con la autoridad de quien ha sido testigo y cronista de los cambios que han transformado el Alto Palancia.
Masías de Segorbe no es solo un catálogo de construcciones; es un ejercicio de arqueología sentimental que invita al lector a recorrer los senderos del pasado. A través de sus páginas, Benet Muñoz traza un mapa emocional y documental de dieciséis masías que, en su día, fueron el corazón del campo segorbino. Cada una de ellas tiene su propia historia: algunas fueron hogar de familias que trabajaban la tierra y criaban ganado en condiciones a menudo duras; otras sirvieron como centros de actividad económica, donde se molía grano, se prensaba aceite o se almacenaban los frutos de la cosecha. Muchas, situadas en los paisajes abruptos de la sierra de Calderona, han sucumbido al abandono, sus muros devorados por la maleza, mientras que otras aún se mantienen en pie, como testigos mudos de una forma de vida que se desvanece.
El libro, enriquecido con fotografías de Marisa Martín, Juan Bautista Ferrando y José Luis Esteve, no solo documenta la arquitectura de estas construcciones, sino que captura su esencia. Las imágenes, que alternan entre la belleza melancólica de las ruinas y la robustez de las masías aún habitadas, actúan como un puente entre el pasado y el presente. Cada fotografía es un recordatorio visual de lo que se pierde cuando el patrimonio rural queda a merced del tiempo. «Quería que este libro fuera un homenaje a las personas que vivieron en estas masías, a sus historias, a sus luchas y alegrías», explica Benet, cuya prosa destila un profundo respeto por aquellos que hicieron de estas construcciones algo más que un refugio.
En un contexto en el que la despoblación y el abandono amenazan el patrimonio rural de la España vaciada, Masías de Segorbe adquiere una relevancia que trasciende las fronteras del Alto Palancia. La obra se suma a los esfuerzos de quienes, desde distintos rincones del país, luchan por preservar la memoria de los pueblos frente a la desmemoria y el olvido.
Las masías, con su arquitectura sencilla pero funcional, son mucho más que vestigios del pasado: son símbolos de una identidad que aún define a las comunidades rurales. En un mundo dominado por la urbanización y la globalización, el libro de Benet Muñoz es un recordatorio de que la historia de un pueblo no reside solo en sus grandes monumentos, sino también en las humildes construcciones que dieron cobijo a generaciones enteras.
El trabajo de Benet se enmarca en una tradición de cronistas locales que, desde la modestia, realizan una labor indispensable. Como maestro durante más de sesenta años, ha sido testigo de cómo Segorbe y su entorno han evolucionado, pero también de cómo el vínculo con el campo se ha debilitado con el paso del tiempo. Su investigación, que combina fuentes documentales, testimonios orales y un profundo conocimiento del terreno, es un acto de resistencia cultural. «Si no contamos estas historias, si no las escribimos, desaparecerán para siempre», advierte el autor, consciente de que la memoria es frágil y necesita ser cuidada.
La presentación de Masías de Segorbe en el Teatro Serrano no será solo un acto literario, sino un momento de comunión para la comunidad. Se espera que el evento reúna a personas de todas las edades: los mayores, que recordarán con nostalgia los días en que las masías eran el eje de la vida rural, y los más jóvenes, que descubrirán un capítulo esencial de su historia. Será una oportunidad para reflexionar sobre el valor del patrimonio y el papel que cada generación desempeña en su conservación. En un mundo que avanza a toda velocidad, este libro invita a detenerse, a mirar atrás y a reconocer que, en esas paredes de piedra, en esas tejas rotas, late el alma de un pueblo.
El acto también servirá para rendir homenaje a Plácido Benet, cuya dedicación al patrimonio cultural de Segorbe es un ejemplo de compromiso cívico. Su trabajo, que combina la pasión de un historiador con la sensibilidad de un narrador, pone de manifiesto la importancia de las iniciativas locales en la preservación de la identidad colectiva.
Masías de Segorbe no es solo un libro; es un legado, un puente entre el pasado y el futuro, un recordatorio de que la historia de un lugar está hecha de pequeñas grandes historias que merecen ser contadas.

