El concurso de ganaderías de Segorbe empezó en 1985 y es el más antiguo de España. Cuarenta y seis años después sigue siendo una de las citas más importantes del calendario de festejos populares. Los ganaderos lo saben y no guardan nada para casa: traen lo mejor que tienen porque la plaza es exigente y no perdona.
La plaza de la Cueva Santa tiene su carácter. Es triangular, cuesta arriba y con escaleras. Una barrera humana rodea el recorrido y cualquier toro o vaca que se salga de la manada puede crear momentos que se recuerdan durante años. Federico Caudé aún cuenta el día que un toro dejó el grupo, subió las escaleras de la cuesta de la catedral y dejó a todo el mundo con el corazón en un puño.
Francisco Tortajada, Alfonso Alandí y otros que llevan décadas en esto coinciden: tener un concurso así requiere cuidado. “Todos los ganaderos quieren venir a Segorbe porque es interesante”, dice Tortajada. Alandí, que fue del jurado desde el principio y es el único que queda de aquellos primeros años, recuerda toros y vacas que marcaron época. “Arrancaba de 20 metros y no frenaba”, cuenta.
Las ganaderías y sus estrellas
Este año varias ganaderías volverán con ilusión y responsabilidad. Desde Teruel, Enrique Navarré, de Hermanos Navarré de Mora de Rubielos, habla con orgullo: “Es una de las citas más importantes junto a la Vall d’Uixó”. Su vaca La Morena, número 239, es de las que marcan diferencia. Ha ganado tres veces como mejor vaca de corro. Él la define con tres palabras: “Bravura, emoción, seriedad”. Junto a ella llevarán a La Excursionista y alguna novilla joven como Mariposa o Manidosa.
Dani Machancoses, de Picasent, siente “responsabilidad con cierta dosis de miedo” cuando le llaman de Segorbe. Reconoce que la plaza es de las más complicadas. Tras el histórico de Margarito, que ganó tres años seguidos, este año no volverá. Buscan sucesor entre animales que aún tienen que demostrar durante el verano. Habla con cariño de Águila, la número 40, una vaca ágil y transmitidora que le dio a conocer.
Fernando Machancoses, de Cheste, también siente orgullo y responsabilidad. Recuerda al toro Modisto y más recientemente a Colilla. Para él, las vacas completas son las que tienen movilidad y acaban en los barrotes. “En Segorbe quiere un plus más”.
Bartolomé Siderol, de La Paloma de Xaló, destaca la importancia del escaparate que es Segorbe. “La gente quiere que se emparren”, dice claro. Recuerda especialmente a Maldita y confía en vacas como Urraquita o Jaulera si están a punto. Urraca, número 34, es para él la más completa de su ganadería por lo que ha dado en crías.
Germán Vidal, de Cabanes, afronta el concurso con más nervios tras ganar el año pasado. Le gustó mucho Amapola en su día y ahora confía en jóvenes como Hermosa o Gaviota.
Raúl Izquierdo, de Zaragoza, quedó tercero el año pasado y vuelve con ganas. Habla de Corbata para un posible debut y de Valenciana como una vaca diferente que puede estar arriba.
Los que torean y los que recuerdan
Para los corredores también es especial. Iker Tenas y Alfonso Alandí cuentan que salir en Segorbe es un sueño desde pequeños. “Pegar un quiebro en tu plaza y que la gente se vuelque es un sentimiento increíble”, dice Iker. Moisés Tenas y Julio Navarrete recuerdan tardes grandes: vacas subiendo escaleras bajo la lluvia, con poca gente en la plaza, o momentos personales como las dos vueltas y tortillas que Navarrete le hizo a un toro de Ángel Roselló en la fuente.
La plaza sigue siendo la misma de siempre: complicada, única y exigente. Los ganaderos jóvenes llegan fuertes y los veteranos saben que aquí no vale cualquier animal. Hay que tener bravura, transmisión y ganas de llegar hasta el final.
Septiembre se acerca y Segorbe ya se prepara. Otra vez los mejores ganaderos traerán lo mejor de sus vacas. Y la plaza, como siempre, decidirá.
