El 6 de diciembre de 1978, hace hoy justo 47 años, millones de españoles fueron a votar. No era una elección normal de presidente o de diputados. Era algo más grande, decidir si queríamos una Constitución nueva, la que iba a marcar las reglas de juego después de casi cuarenta años de dictadura.
La pregunta era clara: «¿Aprueba el proyecto de Constitución?». El sí ganó de calle: un 87,8 % de los votos, con una participación del 67,1 %. En números redondos, casi 16 millones de personas dijeron que sí y apenas 1,4 millones votaron que no.
Aquella Constitución nació de un pacto. Sentados en la misma mesa estaban gente que había estado en la cárcel por sus ideas, exministros de Franco, comunistas, nacionalistas catalanes y vascos, socialistas y gente de centro-derecha. Todos cedieron algo para poder avanzar. El texto salió corto, solo 169 artículos, pero suficiente para garantizar cosas que antes no existían: libertad de expresión, derecho a manifestarse, igualdad ante la ley, autonomía para las regiones, sanidad y educación públicas, y un sistema de monarquía parlamentaria que evitaba volver a los extremos.
Desde entonces, ese papel ha aguantado de todo: intentos de golpe de Estado (como el 23-F), crisis económicas brutales, el terrorismo de ETA, la llegada masiva de inmigrantes, el procés catalán y hasta una pandemia. Ha habido reformas pequeñas (cuatro en 47 años), pero la base sigue siendo la misma que votamos aquel día.
Hoy, cuando mucha gente discute como si se acabara el mundo por cualquier tema, conviene recordar que el secreto de que esto lleve funcionando casi medio siglo está en tres palabras que aparecen al principio del texto: tolerancia, respeto y pluralismo. No son adornos, son las instrucciones de uso para convivir 47 millones de personas que no piensan igual.
Así que nada, feliz Día de la Constitución. Y gracias a los que hace 47 años decidieron apostar por juntarse en vez de seguir separándose.

