viernes, 18 septiembre, 2026

La Comunidad Valenciana ya tiene su Academia de Cronistas Oficiales

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El 26 de noviembre de 2025 pasará a la historia (nunca mejor dicho) como el día en que el Consell dio luz verde al Decreto 184/2025 por el que se crea la Academia Valenciana de Cronistas Oficiales y se aprueban sus estatutos. No fue un trámite cualquiera, antes de llegar al pleno, el texto pasó por tres informes preceptivos y todos fueron favorables y, en algunos casos, entusiastas: la Agencia Valenciana d’Avaluació i Prospectiva (AVAP), el Consell Valencià de Cultura y la Dirección General de Cultura y Patrimonio. Es decir, no hay resquicio legal ni técnico que pueda frenar ahora su desarrollo.

Pero más allá de la burocracia, lo realmente importante es lo que significa este decreto para cientos de personas que, muchas veces en la más absoluta soledad, han sido los verdaderos guardianes de la memoria valenciana durante los últimos cincuenta o sesenta años.

En la Comunidad Valenciana existen en la actualidad más de 400 cronistas oficiales nombrados (la cifra exacta varía porque algunos ayuntamientos no actualizan sus nombramientos), casi todos voluntarios, casi todos mayores de 65 años y casi todos trabajando sin presupuesto, sin medios técnicos y, lo que es peor, sin contacto regular con sus compañeros de otros pueblos.

Son historiadores, archiveros, etnógrafos, filólogos y fotógrafos a la vez. Han rescatado miles de libros de actas que se comían las ratas en los sótanos de los ayuntamientos, han grabado cientos de horas de testimonios de los últimos hablantes de palabras que ya no se usan, han fotografiado fiestas que estaban a punto de desaparecer, han escrito libros enteros sobre una sola calle o sobre un oficio que ya no existe. Y lo han hecho, repito, casi siempre solos y sin que nadie les pidiera cuentas ni les diera las gracias de forma institucional.

La solicitud formal que llegó a la Conselleria de Cultura en 2023 la firmaron cronistas de 44 municipios. Entre ellos, cuatro pertenecen a la pequeña pero combativa comarca del Alto Palancia, que siempre ha destacado por su actividad historiográfica:

 

Josep Martí Coronado, cronista de Azuébar y de Chóvar, probablemente la persona que más ha insistido en los últimos quince años en la necesidad de una academia autonómica.

Rosa Gómez Casañ, cronista de Jérica, autora de importantísimos trabajos sobre el señorío de Jérica y la ruta del Cid.

Rafael Martín Artíguez, cronista de Segorbe, director del Archivo Histórico Municipal y uno de los grandes defensores de la profesionalización del oficio.

José Mª Pérez Rodríguez, cronista de Vall de Almonacid, que ha rescatado del olvido tradiciones ganaderas y religiosas únicas.

 

Que una comarca de apenas 24.000 habitantes aporte cuatro de los 44 firmantes iniciales dice mucho del nivel de compromiso que existe aquí con la historia local. No es casualidad, Segorbe cuenta con uno de los archivos municipales mejor organizados de la Comunidad, Jérica tiene una tradición investigadora que viene desde el siglo XIX y los pueblos pequeños como Azuébar o Chóvar han sabido mantener viva su identidad gracias al trabajo callado de sus cronistas.

El decreto es muy claro y muy ambicioso. La nueva institución tendrá personalidad jurídica propia, sede en la ciudad de Valencia (concretamente en dependencias que cederá la Generalitat) y un presupuesto inicial que, aunque modesto, permitirá empezar a trabajar de inmediato. Sus funciones principales son:

 

  1. Coordinación territorial: proyectos que afecten a varias comarcas (la Guerra de Sucesión en el interior, la ruta de los borja, las acequias históricas, la despoblación del siglo XX…) podrán abordarse de forma conjunta.
  2. Formación y relevo generacional: cursos específicos para nuevos cronistas, másteres en colaboración con las universidades valencianas, programas de mentoría entre veteranos y jóvenes investigadores.
  3. Digitalización masiva: creación de un gran repositorio digital valenciano de historia local, con estándares comunes y accesible gratuitamente.
  4. Publicaciones científicas pero divulgativas: una colección propia de libros con ISBN de la Generalitat, pero escritos para que cualquier vecino los pueda leer y disfrutar.
  5. Congresos, premios y actividades educativas: el primer congreso ya está previsto para otoño de 2026 en Segorbe (sede simbólica por su tradición archivística). Habrá premios anuales a la mejor investigación local, a la mejor labor de divulgación escolar, al mejor trabajo de recuperación de patrimonio inmaterial…
  6. Asesoramiento a ayuntamientos: protocolos claros para el nombramiento de cronistas, para la conservación de archivos, para la protección de tradiciones orales.

 

No es la primera academia de este tipo en España. Galicia lleva desde 1995 con la súa Asociación de Cronistas Oficiales, Castilla y León tiene su Asociación desde 2001 y Andalucía cuenta con una red muy potente. En todos los casos, la creación de estas entidades supuso un antes y un después: aumento exponencial de publicaciones, recuperación de miles de documentos, llegada de la historia local a las aulas y, sobre todo, relevo generacional.

La valenciana llega tarde, pero llega con fuerza y con un decreto que, según los expertos consultados, es uno de los más completos de toda España.

 

Los próximos pasos:

 

Diciembre 2025 – enero 2026: constitución de la comisión gestora y redacción del reglamento interno.

Febrero – marzo 2026: apertura oficial de la sede y presentación pública en Valencia.

Otoño 2026: I Congreso Valenciano de Cronistas Oficiales en Segorbe.

2027: puesta en marcha del gran portal digital de historia local valenciana.

 

Mientras tanto, los 44 ayuntamientos fundadores ya están preparando sus adhesiones formales y decenas de municipios más han solicitado información para sumarse en la primera ampliación.

En un momento en que la Comunidad Valenciana invierte millones en grandes museos o en macroeventos, la creación de la Academia Valenciana de Cronistas Oficiales es una de esas decisiones que no sale en los titulares grandes, pero que tendrá un impacto muchísimo más duradero. Porque la memoria de un pueblo no está solo en sus monumentos o en sus playas: está en las palabras de sus mayores, en los papeles amarillentos guardados en una caja de zapatos, en las fotos que alguien tomó en la fiesta de 1968 y que nadie sabe ya quiénes aparecen.

Durante décadas, los cronistas oficiales han sido los únicos que se preocupaban de que todo eso no desapareciera. Ahora, por fin, dejan de estar solos.

¡Larga vida a la Academia Valenciana de Cronistas Oficiales!

Y gracias, de corazón, a todos los que lo habéis hecho posible.

 

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