martes, 15 septiembre, 2026

La diócesis de Segorbe-Castellón vive su peregrinación jubilar en Roma: del cumpleaños del obispo a saludar al Papa León XIV

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Un grupo de cien personas de la diócesis de Segorbe-Castellón está estos días en Roma con motivo del Jubileo de la Esperanza. Empezaron el lunes 10 de noviembre y el plato fuerte llegó el miércoles 12: la audiencia general con el Papa León XIV y el saludo personal del obispo, don Casimiro López Llorente.

El lunes por la mañana todo empezó en la Iglesia Nacional Española de Santiago y Montserrat. Allí los recibió el rector, don José Brosel, que les contó la historia del sitio, un pedazo de España en pleno Vaticano. Después celebraron misa, presidida por don Antonio Sanfélix y con varios curas de la diócesis. Aprovecharon para rezar por toda la diócesis y, sobre todo, por don Casimiro, que justo ese día cumplía 75 años.

De ahí se fueron a rezar ante las reliquias de san Felipe Neri en la Chiesa Nuova y a dar una vuelta por la Roma barroca: plazas, fuentes e iglesias llenas de historia. Por la tarde llegó el momento más esperado del día: cruzar la Puerta Santa de San Pedro. Entraron en procesión con la Cruz del Jubileo, rezaron ante el Altar de la Confesión, renovaron la profesión de fe y visitaron las tumbas de los papas. Regresaron al hotel con la sensación de haber empezado con buen pie.

El martes fue día de transición y ese mismo día se incorporó don Casimiro al grupo. El miércoles madrugaron para la audiencia general en la plaza de San Pedro. El Papa León XIV habló de la fraternidad, algo que, según él, “es uno de los grandes desafíos de hoy”. Dijo claro que no es fácil, que no sale solo, pero que tampoco es una utopía imposible. Lo importante, explicó, es que viene del mandamiento de Jesús: amarnos como Él nos amó.

Al terminar la catequesis llegó el momento que todos esperaban. Don Casimiro se acercó al Papa, le dio recuerdos de toda la diócesis y le transmitió el cariño de los de casa. Los peregrinos lo vivieron con mucha emoción; para muchos fue el instante más bonito del viaje.

Después de la audiencia, paseo por los Foros Imperiales y el Coliseo. Luego misa en la iglesia de Santa María de la Consolación, que llevan los capuchinos. Don Casimiro, en la homilía, les pidió vivir a fondo este Jubileo de la Esperanza. Recordó que, aunque el mundo esté complicado, los cristianos tenemos que poner la esperanza en Cristo porque “Él no defrauda”. Citó a Francisco: “La pobreza más grande es no conocer a Dios”, y animó a todos a ser testigos de esa esperanza con la gente que sufre.

La jornada terminó en el Trastevere con una cena todos juntos: obispo, curas y peregrinos. Risas, charla tranquila y ese buen rollo que se palpa cuando la gente comparte lo mismo.

Tres días intensos, de los que se habla poco en los grandes medios pero que, para esta gente de Castellón y alrededores, van a quedar grabados para siempre. Y aún les quedan días por delante en Roma.

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