En la capital del Alto Palancia, donde los ecos de los bombos y tambores se entrelazan con el paisaje como un latido incesante, la Asociación de Tambores y Bombos de Cárrica –conocida cariñosamente como “La Tamborica”– ha marcado un hito inolvidable. Este sábado 27 de septiembre de 2025, la agrupación celebró su 25 aniversario con un evento vibrante que transformó el Jardín Botánico Pau en La Glorieta de Segorbe en un escenario de percusión hipnótica. Bajo un cielo otoñal que parecía acompasado con los redobles, cientos de vecinos y visitantes se congregaron para revivir la esencia de una tradición importada de Aragón, pero arraigada ya en el alma valenciana de la comarca.
La jornada vespertina comenzó con un pasacalle que partió desde la Plaza del Agua Limpia, un desfile colorido donde los grupos participantes, ataviados con sus uniformes, marcharon al ritmo de los tambores hasta llegar a La Glorieta. Allí, a las 19:00 horas, el Jardín Botánico Pau se convirtió en el epicentro de la celebración. Organizado por “La Tamborica” en colaboración con el Ayuntamiento de Segorbe y la Concejalía de Participación Ciudadana, el evento contó con la presencia de figuras clave como la Alcaldesa, Mª Carmen Climent; el Concejal de Participación Ciudadana, Ricardo Pascual y la Concejala de Cultura, Marisa López. Su asistencia no fue mera formalidad: la Alcaldesa, visiblemente emocionada, compartió en redes sociales su admiración por el espectáculo. «La Tamborica de Cárrica ha protagonizado un sensacional evento de percusión en el Jardín Botánico Pau esta tarde por su 25 aniversario», escribió. «La agrupación ha hecho vibrar al público. Mi más sincera enhorabuena a todos los componentes y agradecer a las agrupaciones que han acudido a celebrar junto a ellos. Gracias por la tarde tan estupenda que hemos pasado».
El punto culminante fue la exhibición del grupo emblemático «Tambores de Teruel», invitados especiales que fusionaron tradición y vanguardia en un diálogo percusivo inolvidable. Desde los graves profundos de los bombos hasta los agudos redobles de los tambores, el sonido evocó las fiestas de moros y cristianos que han marcado el calendario turolense, pero con un toque local que resonó en la memoria colectiva de Segorbe. No fue solo un concierto; fue una narración sonora de los 25 años de “La Tamborica”, un viaje que comenzó en 2000 en el pequeño núcleo de Cárrica, una pedanía de Segorbe, cuando un grupo de entusiastas decidió en 1999 importar los ritmos potentes de Aragón a la comarca.
En una entrevista reciente con Santa Gimeno en TV4 Segorbe, tres representantes de la agrupación –Juan Carot, Ana Carot y Rosa Lara– revivieron aquellos inicios con una mezcla de nostalgia y humor. Juan, uno de los pioneros que aún permanece en el grupo, recuerda cómo todo empezó: «Me animé porque me ha gustado siempre la percusión. Vio un desfile en honor a San Antón, con invitados de Teruel, y pensé: ‘Esto es lo mío'». Junto a Rafa Lara, el actual presidente, y Manolo Rovira, forman el trío de «viejos» –como él los llama con cariño– que han visto pasar a más de 200 personas por la Tamborica en estos años. «Han girado mucho, pero la esencia se mantiene», añade Juan.
Rosa Lara se unió por motivos familiares, pero pronto se convirtió en una apasionada: «Entré por mi marido, que empezó gracias a la fundadora. Yo iba como madre con mi hijo pequeño, Fernando, que comenzó con solo 4 años». Al principio, cargaba el bombo; luego, se lo colgó y no lo soltó. «Me gustaba tanto que cogía el bombo de mi hijo y me ponía a tocar». Ana Carot, con casi 26 años de fidelidad, encarna el compromiso inquebrantable: «Soy de las fieles. Me pido fiesta en el trabajo si coincide con una actuación». Hoy, la agrupación cuenta con unos 50 miembros, aunque los activos rondan los 20-25, provenientes no solo de Cárrica o Segorbe, sino de Sagunto, Geldo, Altura y Castellnovo. La diversidad es su fuerza: edades desde los 6-7 años hasta veteranos, y un aumento notable de mujeres –siete en la junta directiva, frente a tres hombres–. «Las mujeres nos gusta participar en todo», bromea Rosa. «El bombo parece aparatoso, pero pesa menos que un tambor y los toques son fáciles».
En estos 25 años, La Tamborica ha acumulado más de 500 actuaciones, 20 solo en 2025. Han recorrido la Comunidad Valenciana, Murcia, Albacete y hasta San Sebastián, donde se inspiraron para componer toques como «Sanse» y «Donosti». «Hemos actuado en Moros y Cristianos en Petrer, en bodas, bautizos y comuniones», relata Juan. Una boda en Altura destaca en sus anécdotas: «Íbamos vestidos de gala, pero nos colgamos los tambores y tocamos en la salida. Hasta mantearon a los novios al ritmo». Incluso cruzaron fronteras: dos viajes a Millau, Francia, para el carnaval, donde convivieron, aprendieron y hasta aparecieron en el periódico local. A cambio, invitaban a los franceses a Segorbe.
La armonía interna es el pegamento que une al grupo. «Somos como una familia», dice Ana. «En las actuaciones nos reímos, almorzamos juntos. No hay compromiso; si hay grupo, tocamos». Los ensayos en la piscina de Cárrica son un ritual: fríos invernales no disuaden, y en verano terminan con una cerveza. Juan, el maestro compositor, crea piezas influenciadas por Teruel: «Son toques con ritmo, redobles y palillazos. Se me ocurren en cualquier sitio, incluso golpeando una mesa». No requieren solfeo; todo fluye de redobles cortos y largos.
A diferencia de la tamborrada de Calanda en Semana Santa, La Tamborica evita ese enfoque: «No es la zona; probamos una vez en Segorbe y no nos volvieron a llamar», admite Juan. En cambio, colaboran con Altura, su «grupo hermano». ¿Por qué no arraiga tanto como la batucada? «Es más festiva; nosotros pegamos en otros momentos. Muchos se van a bandas de música o batucadas por diversión», opina Ana. Pero el grupo aporta desconexión y alegría: «Dejas las penas en casa y te ríes», dice Rosa. «La música alegra el alma». Ha unido parejas –como Pedro de Teruel, que se casó con una de Cárrica– y visto crecer a niños que regresan ocasionalmente.
El aniversario incluyó presentaciones, obsequios y un audiovisual histórico, con tres grupos de Teruel mostrando el estilo aragonés. La Tamborica no actuó, pero estuvo presente para captar nuevos adeptos. Con nuevas generaciones como Sonia (12 años) o las jóvenes que diseñaron el cartel, la continuidad parece asegurada. «Cualquiera puede probar; prestamos instrumentos, no cuesta nada», anima Ana.
Tras 25 años de ritmos que unen, La Tamborica late fuerte, lista para otros 25, llevando el patrimonio cultural de Segorbe más allá de sus fronteras. En un mundo acelerado, su percusión nos recuerda que el verdadero latido está en la comunidad, la amistad y la tradición.

