Cada año, cuando llega el Corpus Christi a Segorbe, la plaza del Almudín se transforma. No es cosa del ayuntamiento ni de ninguna comisión oficial. Son los propios vecinos los que, desde hace siete décadas, se ponen manos a la obra para crear un tapiz floral en el suelo por donde pasará la procesión.
Todo empieza temprano el mismo día de la fiesta. Familias enteras —padres, abuelos, niños— salen a recoger plantas aromáticas del monte: espliego, manzanilla y otras hierbas silvestres. Después, en la plaza, van colocando una a una las plantas para formar dibujos y colores que cubren el centro del espacio. Es un trabajo lento, de horas, que huele a campo y a verano.
“Impresionante trabajo el que realizan los vecinos de la plaza del Almudín año tras año para realizar algo tan importante para todos nosotros como es la celebración del Corpus Christi. Semanas de trabajo que se ven recompensadas con este fantástico tapiz que este año cumple 70 años. Por muchos años más que sigamos compartiendo momentos tan especiales todos juntos. Gracias a tod@s”, escribió la alcaldesa Mª Carmen Climent en sus redes sociales.
La alcaldesa no exagera. Ese tapiz no es solo decoración. Es una tradición que nació hace 70 años en esta misma plaza y que se mantiene gracias a la gente de siempre. No hay subvenciones ni grandes presupuestos: solo ganas, plantas del monte y el deseo de seguir haciendo las cosas como las hacían sus mayores.
Cuando la procesión llega, con la custodia, los gigantes y los niños de primera comunión, el tapiz ya está listo. La gente lo pisa poco a poco, la obra se deshace con cada paso, y el aroma sube mezclado con el incienso. Al final del día solo queda el recuerdo y la satisfacción de haberlo hecho juntos una vez más.
Después del paso de la procesión, muchos vecinos se quedan a comer en la plaza, compartiendo mesa y anécdotas. Porque para ellos el Corpus no es solo ver pasar la custodia: es haberla preparado con sus propias manos.
Así, año tras año, la plaza del Almudín sigue siendo uno de los rincones más vivos y auténticos del Corpus de Segorbe. Una tradición sencilla, hecha por y para la gente del barrio, que ya cumple siete décadas uniendo a toda la ciudad.

