La Dirección General de Prevención de Incendios Forestales ha prohibido la quema de residuos vegetales agrícolas desde el Jueves Santo, 2 de abril, hasta el 13 de abril inclusive.
Según el comunicado oficial, durante estos doce días no se podrán realizar quemas locales, aunque se disponga de permiso previo. La medida afecta también a las quemas en terrenos forestales situadas a menos de 500 metros de distancia.
La restricción se aplica en un periodo marcado por un alto volumen de desplazamientos hacia municipios con zonas forestales importantes. El objetivo es reducir el riesgo de incendios durante las fiestas de Pascua, cuando aumenta la presencia de personas en áreas naturales.
Esta decisión forma parte de las acciones de prevención de incendios forestales que se vienen aplicando en la comarca del Alto Palancia y otras zonas que han sufrido daños significativos por fuegos en años anteriores. Las autoridades buscan la colaboración tanto de las administraciones públicas como de la población para evitar nuevos incidentes.
El concejal de Agricultura y Ganadería del Ayuntamiento, Vicente Bolumar, ha recordado la importancia de seguir estas indicaciones. “Es necesario concienciarse sobre el grave problema de los incendios forestales y la importancia de la buena conducta de la sociedad obedeciendo a las instituciones oficiales para la prevención”, ha señalado. El consistorio insta a la población a no realizar ninguna quema en el periodo establecido.
Los incendios forestales han tenido un impacto importante en la comarca del Alto Palancia (Castellón), sobre todo por su extensión y por los daños acumulados.
El incendio más grave se registró en agosto de 2022 en Bejís. Originado por un rayo, quemó cerca de 19.000-20.000 hectáreas y afectó a nueve municipios de la comarca (Altura, Barracas, Bejís, Jérica, Sacañet, Teresa, Torás, El Toro y Viver), además de otros en La Serranía. El fuego se extendió a lo largo de unos 140 kilómetros y obligó a desalojar a más de 1.500 personas. Quedó estabilizado tras siete días.
Impacto ambiental
Se destruyeron principalmente masas de pinares, carrascales y sabinares, junto con zonas agrícolas (olivos y almendros). Parte de la superficie afectada ya había ardido en 2012. Las consecuencias incluyen:
– Erosión del suelo, agravada por lluvias posteriores.
– Pérdida de biodiversidad y hábitats protegidos de la Red Natura 2000.
– Mayor vulnerabilidad a futuros incendios, ya que la vegetación que rebrotó es más inflamable en las primeras etapas.
Incendios posteriores, como el de 2025 entre Villanueva de Viver y Barracas (provocado también por un rayo), han recordado la exposición continua de la zona.
Impacto económico y social
El fuego dañó cultivos, pastos y explotaciones ganaderas, lo que afectó los medios de vida de muchas familias. El paisaje transformado ha impactado el turismo rural y el valor patrimonial de la comarca, que ya sufre despoblamiento.
La recuperación exige inversiones públicas: fondos para restaurar pistas, reforestar y reparar infraestructuras dañadas por erosión. Vecinos han denunciado falta de recursos suficientes para reactivar la economía y el entorno forestal.
Impacto a largo plazo
Los incendios repetidos aceleran la degradación del territorio: pérdida de suelo fértil, riesgo de desertificación y cambios en el uso del suelo. En una comarca con sequía y abandono rural, esto agrava problemas estructurales.
Las administraciones insisten en la prevención (como la restricción de quemas) porque los fuegos generan un ciclo de daños que tarda décadas en mitigarse y requiere recursos constantes.
En resumen, en el Alto Palancia los incendios han supuesto la pérdida de miles de hectáreas de bosque y cultivos, erosión del suelo, costes económicos para familias y municipios, y un paisaje modificado para años. La prevención busca romper ese ciclo.

