sábado, 1 agosto, 2026

Segorbe lleva su Entrada de Toros y Caballos al II Congreso Tierra de Fiestas y presume de números

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El sábado 15 de noviembre, mientras medio mundo miraba el calendario pensando en la Navidad que ya asoma, en Burriana había un ambiente distinto: decenas de concejales, técnicos y alcaldes llenaban el salón de actos del Centro de Cultura Municipal La Mercé. Era la segunda edición del Congreso Tierra de Fiestas, una iniciativa que han puesto en marcha la Presidencia de la Generalitat Valenciana y la Federación Valenciana de Municipios y Provincias (FVMP) para hablar, sin prisas, de cómo hacer que las fiestas de los pueblos y ciudades valencianos sigan vivas y lleguen más lejos en 2025 y los años que vienen.

Entre todos esos representantes estaba Aitor Aparicio, concejal de Festejos Taurinos del Ayuntamiento de Segorbe. No fue de oyente. Le tocó subir al escenario y contar por qué en su pueblo, de apenas 9.000 habitantes, cada septiembre se monta una de las semanas grandes más conocidas de España.

Empezó recordando lo obvio, pero nunca está de más: la Entrada de Toros y Caballos es el buque insignia, la fiesta que tiene el sello de Interés Turístico Internacional desde 2005. Cada mediodía, durante siete días, seis toros cerrados y una docena de caballos con sus jinetes bajan a galope por la calle más estrecha que uno pueda imaginar, la calle Colón, y la gente se pega a las paredes o se sube a los balcones para verlos pasar a pocos centímetros. Es un espectáculo que no se parece a nada.

Pero Aparicio no se quedó en lo bonito. Sacó números. Durante la semana de fiestas, Segorbe multiplica por cinco su población. Los hoteles de la zona cuelgan el cartel de completo con meses de antelación, los bares y restaurantes no dan abasto y hasta los parkings improvisados en los descampados se llenan. El impacto económico directo ronda los 4 millones de euros, según los cálculos que manejan en el Ayuntamiento, y eso sin contar el dinero que se deja la gente en gasolineras, tiendas o en los pueblos de alrededor.

Luego está lo que pasa el resto del año. La Entrada se ha convertido en una especie de embajadora permanente. Hay turistas que vienen expresamente en invierno o primavera solo para ver el recorrido, hacer fotos sin gente y llevarse un recuerdo. Los vídeos de las carreras acumulan millones de reproducciones en redes y aparecen en documentales de medio mundo. “Eso no se paga con publicidad”, dijo Aparicio, “eso se gana con tradición y con que la gente se lo cuente a otra gente”.

También habló del lado social. En Segorbe, durante esas fiestas, da igual si eres del pueblo o vienes de fuera, si eres joven o mayor. Todo el mundo tiene sitio: los peñistas, las reinas y damas, los ganaderos, los jinetes, los que montan barras, los que colocan sillas… Es una cadena en la que todos empujan para el mismo lado.

El congreso, en general, fue un día largo de ponencias, mesas redondas y café en los pasillos. Se habló de sostenibilidad, de cómo compatibilizar la fiesta con el bienestar animal (tema que siempre sale), de seguridad, de cómo llegar a los más jóvenes y de cómo pedir más ayuda a las administraciones sin perder la esencia de cada pueblo.

Al final, la sensación fue clara: las fiestas no son solo gasto, son inversión. Y lugares como Segorbe lo tienen más que demostrado. Cuando terminó la jornada, Aitor Aparicio se fue para casa con la satisfacción de haber dejado claro que, en esto de las tradiciones, su pueblo no pide permiso: simplemente enseña lo que hace y los demás toman nota.

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