Un sol radiante iluminaba la Calle Colón y la Plaza de la Cueva Santa cuando la ciudad comenzó a llenarse de voces, tambores y emoción. Era el 8 de septiembre, un día especial no solo para los segorbinos, sino también para los que celebran la Cueva Santa, patrona de la localidad. Entre la multitud, se sentía la mezcla única de nervios y alegría: toros, caballos y música se preparaban para la Entrada de Toros y Caballos, la fiesta más internacional de Segorbe.
- La música también entra en escena
Entre el bullicio, se escuchaba a DJ Corazón Rojo, que con entusiasmo explicaba su pseudónimo artístico: un corazón intenso, rojo como la pasión que imprime en cada actuación. Durante toda la semana, él y otros DJs y grupos musicales llenaran de ritmo las plazas y bares de Segorbe: desde el Homer Bar Burger, con sesiones de tardeo y conciertos. Rata Muerta, con batucada, comida popular y rock en vivo.
“La música es una alternativa para quienes no siguen tanto los toros, pero quieren convivir y disfrutar de la fiesta”, explicaba Corazón Rojo, prometiendo horas de sesiones continuas y variadas para todos los gustos.
- Visitantes de cerca y de lejos
Desde Barcelona, un grupo de amigos se unía a la festividad, siguiendo la tradición anual de Segorbe. “Lo primero que hacemos es almorzar, luego paseamos y vemos la entrada. Espectacular, aunque rápido”, comentaban mientras se acomodaban en las escaleras de la ciudad para ver el desfile. Otros visitantes llegados de Montanejos, Valencia y distintos puntos de la comarca coincidían en que la Entrada no es solo un espectáculo taurino, sino un encuentro social que une generaciones y familias.
Niños y jóvenes disfrutaban desde los balcones, algunos participaron la semana pasada en concursos de disfraces y tardeos musicales. Hoy sus padres observaban con orgullo y cierto nerviosismo el paso de los caballos y toros. La tradición se vivía en familia, con lágrimas de emoción y abrazos que quedarán en la memoria de todos.
- Arte y cultura: Juan García Ripollés
Entre los invitados especiales se encontraba Juan García Ripollés, pintor y escultor castellonense, cuya mirada artística aportaba un matiz único a la festividad. Durante estos días, Ripollés ha dejado instalada su escultura del Toro en la Glorieta, símbolo que combina tradición y arte, invitando a los visitantes a admirar la fuerza y la belleza del animal incluso antes de la Entrada.
“Es un homenaje a la tradición y a la estética del toro”, señalaba Ripollés mientras contemplaba la coordinación de jinetes y caballos. Desde lo alto de la Tribuna, comentaba con admiración cómo cada paso y movimiento parecía un lienzo en movimiento, donde la fuerza y la armonía se unían en un espectáculo visual único.
- Autoridades y compromiso
La fiesta no solo es un espectáculo; también es un evento institucional y económico. Entre los invitados estaban autoridades como Miguel Barrachina (conseller de Agricultura, Agua, Ganadería y Pesca), María Isabel Sáez Martínez (directora general de Comercio, Artesanía y Consumo), y alcaldes de municipios cercanos. Destacaban la importancia de mantener vivas estas tradiciones, no solo como patrimonio cultural sino también como motor económico para Segorbe y pueblos cercanos.
“Hay que redescubrir nuestros municipios más pequeños. Con teletrabajo y colaboración público-privada, estos pueblos pueden ser lugares ideales para vivir”, explicaba Sáez Martínez, mientras Ripollés añadía: “Todo aquí es color, ritmo y movimiento, y cada instante tiene un valor artístico que merece ser preservado”.
- La Entrada: emoción y riesgo
A las 14:00 horas, con el cielo casi despejado, comenzaron a llegar los caballos y toros desde el toril. La coordinación era impecable: los animales formaban una herradura antes de unirse y avanzar por la calle Colón. Padres acompañaban a sus hijos, algunos debutantes, en una tradición que se hereda generación tras generación.
La tensión era evidente hasta que todos los animales pasaban sin incidentes. “Si no pasa nada, podemos relajarnos; hasta entonces, todo está en alerta”, comentaba una de las organizadoras, reflejando la responsabilidad y pasión que mueve esta fiesta.
- Gente de todas partes
El público reunido mostraba diversidad: desde segorbinos que viven fuera, turistas de Barcelona y Castellón, hasta visitantes de Argentina y localidades hermanadas. Todos compartían la misma emoción, disfrutando de la música, los caballos, los toros y la comunidad que se forma cada año alrededor de la Entrada.
- Más allá del toro
La jornada no terminaba con la Entrada. Durante el día y la noche se realizaron actividades complementarias:
Tardeo y música en plazas y bares
Exhibiciones de ganado vacuno
Feria del jamón y degustaciones gastronómicas
Cada rincón de Segorbe vibraba con alegría, mientras se mantenía el espíritu de respeto hacia los animales y la tradición.
- Conclusión
La Entrada de Toros de Segorbe es mucho más que un desfile de caballos y toros: es una celebración de cultura, arte, música y comunidad. Desde la visión artística de Juan García Ripollés, la energía de DJs y grupos musicales, hasta la participación de familias y autoridades, la fiesta se convierte en un lienzo vivo de emoción y tradición.
Segorbe no solo mantiene viva su historia; la reinterpreta cada año, uniendo generaciones y territorios, y mostrando al mundo entero que la tradición puede convivir con la música, el arte y la alegría compartida.
Foto: Andreu Esteban

