«Hemos hablado de abrir las puertas del ayuntamiento para que la calle entre y nos cuente y la escuchemos, pero el ayuntamiento también es patrimonio de los ciudadanos. Hay que abrir puertas y ventanas y los ciudadanos sepan por qué se está haciendo lo que se hace, qué decisiones se han tomado, quién o qué está detrás de esto o de aquello…» -Rafael Magdalena, Alcalde de Segorbe, junio 2015-
Quien iba a generar una inmensa corriente de aire con la apertura de puertas y ventanas en la casa común de todos los segorbinos y segorbinas ahora es el mismo que ha decidido que la oscuridad y el hermetismo deben de reinar en el Ayuntamiento de Segorbe.
Desde hoy mismo los segorbinos y segorbinas no podrán acceder de forma libre por la puerta principal del Ayuntamiento, que quedará limitado solamente a «los elegidos» por el bipartito de izquierdas.
Prometer, prometer hasta meter y una vez metido, nada de lo prometido, pues eso, que una vez instalado en el el despacho de alcaldía, nada de lo prometido.
Quien tenga miedo a las salpicaduras no merece la confianza de los ciudadanos.
Apuesto algo a que en esto como en lo del coche del alcalde y la casa de postas rectifican.
Ojo guapos CS Selma es primo de psoe Magdalena y el negosi es el negosi, ojo al dato, cine, obras, etc…..
Me pregunto muchas veces si en alguna otra parte tendría crédito un gobernante que desaparece cuando se le necesita (manifestación en la puerta del Ayuntamiento y 7.000 firmas recogidas contra el cierre del colegio de la Resurrección) y reescribe con medias verdades el relato de sus fracasos.
Y no sólo me refiero al alcalde, también a alguna otrA.
El miedo a escuchar lo que no quieren escuchar se ha impuesto a la necesidad de transparencia democrática, recortando los derechos del público-pueblo en función de los intereses de los que mandan.
El que se esconde para evitar el desafío se retrata a sí mismo como un dirigente muerto de miedo, parapetado en el cómodo burladero de los funcionarios.
Si un político no confía en su propia capacidad de convencer, no es digno tampoco de la confianza de sus conciudadanos.
El juego limpio democrático empieza por poner las cartas sobre la mesa antes de las elecciones; después es trampa sacarse comodines de la manga.
Ya no se puede llegar más lejos, en el desprecio y la humillación a la ciudadanía.
No tienen bastante con ignorarnos, a la mayoría de segorbinos, cuando opinamos que no nos gustan sus decisiones arbitrarias y perjudiciales para sectores importantes de nuestro pueblo.
No tienen bastante con olvidar durante tres años nuestro patrimonio y ahora (que se acercan elecciones) quieren embaucarnos con algo en lo que no creen.
No tienen bastante con menospreciar nuestras tradiciones olvidándolas o ninguneándolas.
No tiene bastante con sembrar la discordia y el malestar dentro de las personas a su cargo en el ayuntamiento.
No tienen bastante con destruir hasta sus propios partidos políticos.
Son tantas cosas con lo que no tienen bastante que ahora, bajo el pretexto de aumentar la atención al ciudadano (se piensan que somos tontos), nos niegan la entrada por la puerta principal con el único motivo de fiscalizar todas las entrada al ayuntamiento y saber a qué vamos, evitando (por coacción) cualquier tipo de visita incomoda tanto sea a la oposición como a técnicos del ayuntamiento.
Segorbe no se merece un trato como el que estos señores nos dan, Segorbe necesita gente eficiente, sensata, coherente (hasta con su edad), humilde y dispuesta a solucionar problemas y no a crearlos, gente que abra y no que cierre calles ni de dialogo ni de adoquines.
Los Segorbinos tenemos paciencia pero a muchos esta apunto de acabársenos, yo le diría a este equipo de gobierno algo de lo que SI tenemos bastante y es de ustedes.
Tienes toda la razón del mundo.
Nos tienen pánico a los segorbinos. El que huye algo debe.
Es todo una acumulación de despropósitos, de mentiras, de tratarnos cómo imbéciles que lo mejor que nos puede pasar es que se acabe pronto este suplicio y que vayan bien lejos. Yo particularmente estoy muy harto de las actitudes chulescas de cierta concejala, ha traspasado todos los límites aceptables.
Con la barrera esa Pp 7 psoe 3 podemos 2 CSelma 1
Quitarle uno a SP
PP………………………..8
PSOE……………………3
PODEMOS……………..1
C. SELMA……………….1
Aficionados, inconsistentes ¿no decía además en su blog q se iba? y que no cobraría…y casi dos mil segorbinos le creyeron, ahora sería la mitad
No puede ser cierto…decidme que no es verdad ese cordón elitista que separa a la casta política del vecino.
Ya se sabe lo que decían Tierno Galván y Mitterrand de las promesas electorales, que sólo obligan a los que se las creen.
Señor alcalde, con éxitos como el suyo no hace falta fracasos; basta con avanzar de victoria en victoria hasta la derrota final.
Pero ahí le tienen, encantado de haberse conocido y de presidir un Ayuntamiento al que él mismo va despojando de categoría para seguir al frente, como los hermanos Marx desguazaban los vagones del tren para que la locomotora siguiese andando.
Escuche, señor alcalde, pegue la oreja al suelo y oiga el latido que viene de la calle. Señor alcalde, no estamos hablando de contar votos, sino de la expresión democrática de un estado de opinión que usted, muy influenciado, ha creado entre las personas de Segorbe. También puede engañarse pensando que esos ciudadanos actúan desde el sectarismo político azuzados por el resentimiento del resultado electoral.
Puede incluso creer que usted tiene una misión que cumplir, y que debe hacerlo contra viento y marea. Así pensaba uno que usted conoce (ZP), y ya ve cómo acabó; los gobernantes no tienen que redimir a nadie que no desee ser redimido.
Usted sabe porque tiene ojos para ver y oídos para oír, que salió a la calle mucha gente manifestando en silencio su opinión por el cierre del Colegio de la Resurrección.
La democracia, señor alcalde, consiste en escuchar al pueblo, y gobernar en consecuencia. Y hay asuntos, decisiones, que necesitan el respaldo de la mayoría que ahora no existe porque usted la ha quebrado. Antes se le llamaba consenso. Llámelo como quiera, hágalo como quiera, pero no le dé la espalda al pueblo. No se equivoque. No se engañe. Usted es el jefe, no el segundo de a bordo, y un jefe siempre tiene que sacar la cara por los suyos. Porque mientras tanto los oportunistas le mantienen el sillón en libertad vigilada, para que no se olvide de que está rodeado y solo. A ellos no les importa hacer lo que están haciendo porque dan por descontada la derrota de usted. Y cuando mire a los ojos de sus liquidadores los verá encogerse de hombros diciéndole: son cosas de la política.
Ésa es la realidad, señor alcalde; pregúntese por qué es así cuando se mire al espejo.
La demagogia es una especie de mentira piadosa con efectos sedantes hacia su receptor, a quien se pretende dar razón con halagos.
La llegada a la alcaldía, aun no habiendo ganado las elecciones y por un pacto entre perdedores, vino precedida por una campaña en la que la demagogia alcanzó límites insospechados de promesas, falsedades, mentiras.
El demagogo suele ser un personaje que dedica todo su tiempo a su afán, que conoce profundamente la sociedad a la cual quiere dirigirse, sus anhelos, sus miserias, sus querencias, sus conocimientos, sus desconocimientos, su corta capacidad de sacrificio, su falta de ansia por el conocimiento y toda una serie de carencias ciudadanas que le hacen fácilmente manipulable, para poder prometer lo inalcanzable, llevar a cabo lo más superficial, que siempre se le disculpan sus mentiras y se acepten sus disculpas.
Para ello deberá disponer de una serie de “enemigos”, generalmente ficticios, sobre los que descargar culpas por todo lo no ejecutado, por lo no ejecutable y por lo mal ejecutado. También deberá disponer de “altavoces” que magnifiquen sus mensajes, sus promesas, sus logros, la maldad del “enemigo” y la bondad incuestionable de sus víctimas propiciatorias, acallando, a través de sus medios informativos, cualquier crítica a su política, a su persona y a su proceder, y rodeándose de mediocres “colaboradores” bien alimentados, que ejecuten como autómatas todas sus ordenes, ocurrencias y “homenajes”.
El demagogo es incapaz de trabajar solidariamente, de pensar en una comunidad en la que él no sea el único protagonista, de ser generoso con intereses ajenos, de gestionar, de negociar, de ceder, de conseguir logros para su comunidad sin tener que adjudicárselos a su persona, o de admitir los éxitos de los demás, envolviendo a su clientela en tales planteamientos.
El demagogo, en definitiva, es un dictador popular, que valiéndose de una democracia imperfecta, de una mayoría ciudadana muy superficial, sin demasiada capacidad de análisis, y haciéndose con los instrumentos de comunicación necesarios, ha llegado al poder través de la mentira, de la difamación y de aquellas promesas, realizables o no, más próximas a los sentimientos más primarios de la población.
La demagogia siempre consigue lo contrario de lo que teóricamente pretende aunque, para sus receptores, sarna con gusto no pica…
Es muy sencillo de entender, el Ayuntamiento se equivoca y los ciudadanos se cabrean. A veces pasan esas cosas; la gente va mal encajando los disgustos, acumulando un malestar soterrado, un remover de tripas, y de repente rebosa de rabia por un detalle, un símbolo, un gesto.
Durante los tres últimos años, el desgobierno se ha empeñado en desatar los nudos de convivencia. Ha marginado, tratando de aislarla socialmente y aniquilarla políticamente, a una oposición que representa a casi medio pueblo. Ha reabierto las heridas de la memoria y convocado a los fantasmas del enfrentamiento civil.
Lo que ha ocurrido es que han cerrado las puertas del Ayuntamiento a una masa considerable de ciudadanos; es la expresión de hartazgo por parte de concejales y concejalas hacia una ciudadanía que se considera ninguneada, desoída, maltratada y humillada; es una moción de censura del Ayuntamiento a los ciudadanos, un puñetazo contra el pueblo desde la mesa del poder, que seguramente no es precisamente la del alcalde.
El próximo golpe lo darán los ciudadanos y puede retumbar dentro de las urnas. Tiempo al tiempo.
Porque merecemos, no ya un alcalde que no nos mienta ni nos engañe, sino un alcalde que no nos traicione. Un Ayuntamiento en el que quede alguien a quien poder mirar a la cara sin un escalofrío de bochorno.Los segorbinos merecemos un gobierno municipal que no nos acojone. ¿Para hacernos esto querían el poder estos tíos?