El Salón de actos del Ateneo Mercantil de Valencia ha acogido esta tarde a las 19:30 horas, la entrega de los II Premios Taurinos de la Comunidad Valenciana «Va de bous», concedidos por la Dirección General para la Agencia de Seguridad y Respuesta a las Emergencias, de la Generalitat Valenciana.
Los galardonados en esta segunda edición José Luis Benlloch Rausell, en la categoría Espectáculos taurinos en las plazas de toros y en la categoría de Festejos Taurinos Tradicionales, o popularmente conocidos como “Bous al Carrer”, los premiados fueron Vicente Peris Maximino y la Entrada de Toros y Caballos de Segorbe.
Al acto, además del alcalde de Segorbe, Rafael Magdalena, que recogió el trofeo de carácter honorífico, consistente en una escultura, estaban presentes cuatro caballistas que participan en La Entrada de Toros y Caballos de Segorbe, José García Salas, Guzmán Peyrolón, Baldomero Chova Gil y José Antonio Fernández Hernández. Y, a título personal, concejales del Grupo Municipal del PP.
Antes de entregar el premio, los asistentes han podido ver un video ilustrativo de la Entrada de Toros y Caballos de Segorbe, declarada como Fiesta de Interés Turístico en 1985 y Fiesta de Interés Turístico Internacional en 2005. La primera referencia escrita sobre la Entrada de Toros y Caballos de Segorbe data del año 1386, aunque se le suponen orígenes previos.
Estos premios bienales se crearon en el año 2014 y tienen como finalidad distinguir a personas o entidades que hayan destacado en la labor de promoción, defensa, fomento y atención a la fiesta de los toros. En su primera edición -de 2015- los galardonados fueron Enrique Ponce en la categoría de ‘Espectáculos taurinos en plazas de toros’. En la categoría de ‘Festejos taurinos tradicionales’ se le concedió al expresidente de la Federación de Peñas Taurinas de la Comunidad, Manuel Vicent.
Desde el Partido Popular de Segorbe se congratulan de que la Entrada de Toros y Caballos siga recibiendo reconocimientos por todos los rincones de España, no obstante lamentan que “Magdalena no comparta ni con asociaciones ni con segorbinos estos galardones y que ni tan siquiera el partido de la oposición sea invitado a participar en actos como el que ha tenido lugar en el Ateneo Mercantil de Valencia”
Además desde el PP denuncian las incongruencias de la izquierda que nos gobierna “hoy la Generalitat da unos premios taurinos en Valencia, una ciudad cuyo alcalde de Compromís torpedea la retransmisión de la Feria de Fallas y prohíbe los festejos de Bous Embolats”.
Mira, Quique, tengo entendido que tú eres el concejal de festejos taurinos; bien, pues si es así te voy a explicar lo que es el nacionalismo de Compromís y compañía, para que no te líen.
Cuando la ciudadanía señala de modo directo a sus dirigentes como culpables de sus dificultades colectivas estamos ante algo más que un síntoma de mala calidad democrática. Ese dato indica que algo se está fracturando, una quiebra de confianza que pone en cuestión la legitimidad moral del liderazgo político. Una sociedad que recela de sus propios representantes está enferma de escepticismo. Y su desasosiego proyecta el fantasma de un divorcio entre los intereses del pueblo y los de sus gobernantes, enfrascados en una batalla por el poder que da la espalda a las necesidades generales.
La intolerancia de los radicales, la exclusión creciente de las minorías, la imposición de un nacionalismo casi obligatorio están creando una atmósfera viciada en la que la sociedad no acaba de reconocerse a sí misma.
Es muy fácil, hombre. Las cosas son muy simples. La pregunta crucial es la de si cada pueblo tiene el gobierno que se merece. Que cada uno se mire a sí mismo, y ya distinguirá el pueblo quién merece su confianza.
Sabido es que muchos políticos sienten gran desprecio intelectual por los ciudadanos que les pagan el sueldo y les legitiman el cargo, pero es convención general que conviene disimular ese desdén tan desapegado. A la gente no le suele gustar que la tomen por tonta, al menos de forma explícita y desaprensiva. El electorado, que tiende a ser indulgente por razones de bandería o sectarismo, se cabrea cuando le mienten sin disimulo, más por la falta de disimulo que por la mentira. Si nadie pone algo de empeño en endulzar el embuste, queda la sensación de que el embustero minusvalora la inteligencia de la parroquia o se ha vuelto perezoso en el arte de la hipocresía.
Mal asunto, porque una cosa es que los políticos no sean creíbles y otra que le pierdan el respeto a los destinatarios de sus mentiras sin tomarse la molestia de envolvérselas con un poco de cariño.
En política, la ambigüedad es la mejor aliada de los tramposos.