miércoles, 21 agosto, 2019

Entrevista a Miguel Barrachina, candidato por Castellón a Les Corts Valencianes

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  1. Anónimo says:

    Dentro de unos días se van a celebrar las elecciones más importantes desde la restauración de la Democracia y de la Monarquía Parlamentaria. Podemos caer en un gobierno similar al Frente Popular; el acuerdo de PSOE y Podemos, junto con el apoyo de los nacionalistas catalanes, etc., pueden ser los cuatro peores años desde la Constitución del 78. Un gobierno presidido por un «ambicioso a título personal» líder del PSOE.

    Ante esta situación y con la ley electoral actual, prevista para fomentar los grandes partidos, nos encontramos con una división del centro derecha en tres partidos.

    El diccionario de la Real Academia define «razonable» como arreglado, justo, «conforme a razón». Como he indicado antes, la actual Ley Electoral es proporcional en las grandes circunscripciones, pero en todas las provincias que tienen cuatro o tres diputados prima el partido más votado.

    Al presentarse más de tres partidos de centro derecha, se cae en el riesgo de que el partido más votado en estas circunscripciones pueda ser el PSOE. Por todo lo expuesto, hay que reflexionar si queremos o no tener cuatro años «posiblemente catastróficos».

    Voy a citar un ejemplo que se produjo en las últimas elecciones municipales en Madrid. Un partido pequeño obtuvo 9.000 votos que no sirvieron para sacar un concejal y, en cambio, el Ayuntamiento está siendo gobernado por un «popurrí de izquierda». Si esos 9.000 votos se hubieran sumado al partido de centro derecha más votado, el ayuntamiento de Madrid hubiera sido gobernado por el centro derecha.

    En resumen: en política hay que pensar siempre en el voto razonable, por no llamarlo útil, que es un término más de carácter mercantil.

    No sirve, una vez concluido el día electoral, pensar en el error que puede suponer que el centro derecha, con más votos, tenga menos escaños.

    La responsabilidad es nuestra, estamos todavía a tiempo.

  2. Anónimo says:

    Señor Sánchez, abro mi buzón y me encuentro con su carta electoral pidiéndome el voto para usted y su partido. La carta no es una carta, es el panfleto de un político demagogo.

    Afortunadamente yo soy viejo, pero no tonto. Yo no quiero una España rota, fraccionada, invertebrada. Entiendo que muchos españoles se dejen arrastrar y se sientan confortados con sus mentiras de agitprop de manual.

    Señor Sánchez, llevo toda una vida ayudando a mejorar España. Usted no ama a España, yo sí la amo; usted no dudaría en entregarla a quien fuera con tal de dormir todas las noches en ese colchón que cambió en La Moncloa.

    Yo he trabajado para entregar una España mejor a mis hijos y nietos. Dice usted que le vote para ganar derechos, prosperidad y futuro. Llevamos muchos años de democracia y yo no he perdido mis derechos, porque los derechos no me los da usted, me los da la Constitución; como tampoco me da usted la pensión, porque la pensión me la he ganado yo con 45 años trabajando con mi sudor y mis manos. Sin embargo, y fíjese si usted es falso, que esa pensión que yo me he ganado con 45 años de trabajo y 41 cotizados, usted la va a recibir vitalicia y con un valor que multiplica a la mía por cinco, y todo sin haber dado un palo al agua, porque lo más que usted ha trabajado y sudado ha sido cuando jugaba al baloncesto en el Ramiro de Maeztu.

    Me pide mi voto. No se lo voy a dar, señor Sánchez, no tanto por las siglas de su partido, sino porque usted es el paradigma de la mentira, de la falsedad, de la hipocresía, del narcisismo, de la ambición bárbara; usted es de los de «el fin justifica los medios», usted no es de fiar; usted pertenece a la especie más dañina de los especímenes de la naturaleza humana, usted pertenece a los demagogos ambiciosos que no reparan en medios para conseguir sus inconfesable fines.

    Termino haciéndole dos preguntas: Si usted se ve obligado a gobernar con el apoyo de los independentistas, ¿lo hará? Si lo hace, ¿los indultará? No hace falta que me conteste ahora, hágalo después de uno de esos «viernes sociales», momento en que comunica lo acordado por su gobierno para hipotecar España en los próximos cuatro años.

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