Margarito, Mariposa y la eternidad de Segorbe

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Segorbe volvió a estremecerse ayer con una de esas tardes que se cuentan y se guardan, porque no se repiten dos veces igual. Fue el turno de la ganadería de Daniel Machancoses, de Picassent (Valencia), que presentó en la arena una tarde de animales jóvenes, pero con mucho oficio, confirmando por qué esta cita es un referente dentro del calendario taurino popular.

 

  • La fuerza de un toro llamado Margarito

 

El nombre propio fue, una vez más, el de Margarito (nº 77, 31 puntos). El toro en puntas demostró que sigue siendo un ejemplar fuera de lo común: trabajador, codicioso, inagotable. Tres años consecutivos en Segorbe y tres veces imponiendo su carácter en la plaza, donde otros se acobardan y se refugian en ese llamado “triángulo de las Bermudas”. Margarito no se esconde, embiste con decisión, mide el espacio y ataca con una nobleza tan fiera como firme.

Decían en los tendidos: “Si un futbolista mete tres goles, le dan un balón; a Margarito habrá que darle ya la plaza”. La broma encierra una verdad: no es habitual que un toro resista y rinda a este nivel tantas temporadas seguidas. Y menos aún en Segorbe, donde los obstáculos —la fuente, las escaleras, los bancos y los barrotes— exigen una bravura completa y sin fisuras.

 

  • Mariposa, la vaca que voló sobre la plaza

 

Si Margarito fue el emblema del poder, la vaca Mariposa (nº 87, 31 puntos) fue la revelación de la tarde. Salió a la arena con el rabo erguido, como pincelado en el aire, y desde el primer momento transmitió esa sensación que distingue a las vacas grandes: codicia, decisión y belleza en cada gesto. Subió al banco, trabajó con fijeza la fuente y no se refugió ni un instante. Cada arrancada fue un estallido de aplausos en los tendidos, como si la plaza reconociera que había presenciado algo distinto, algo especial.

Muchos coincidieron en señalarla como la mejor de la jornada, incluso por encima del propio toro. Porque no solo se trata de la fuerza, sino de la forma: de cómo se entrega un animal, de cómo contagia su raza a los que lo miran.

 

  • Las compañeras de cartel: regularidad y emoción

 

Junto a Mariposa y Margarito, Machancoses presentó un lote equilibrado, con reses que aportaron momentos de interés y mantuvieron la atención del público de principio a fin:

Guerrillera (nº 80, 19,5 puntos): arrancó con bravura, aunque le faltó continuidad en los obstáculos.

Guapa (nº 1, 18,5 puntos): cumplidora, trabajó con nobleza, aunque sin llegar a brillar del todo.

Sultana (nº 62, 23,5 puntos): firme y completa, se mostró cómoda en la fuente y con codicia en los barrotes.

Pistolera (nº 91, 26 puntos): una de las destacadas, con arrancadas firmes y espectáculo en los tendidos.

Corbata (nº 88, 16 puntos): fue la más discreta, con menos entrega en los obstáculos.

Reina (nº 61, 18,5 puntos): dejó destellos de nobleza, aunque irregular en el desarrollo.

 

El total de las vacas fue de 153 puntos, una puntuación sólida que mantiene a Machancoses en la lucha por los primeros puestos del concurso.

Y no podía faltar la nota final: el toro embolado Rifle (nº 67, 27 puntos), que cerró la jornada con emoción, recordando que la fiesta no termina con la luz del día, sino que se prolonga en la noche, entre fuego y sombras, con ese ritual tan arraigado en el corazón del pueblo.

 

  • Lo mejor y lo peor de la jornada

 

Lo mejor:

 

La exhibición de Margarito, que volvió a demostrar por qué es el gran referente del concurso.

La brillante actuación de Mariposa, completa y con codicia, ovacionada con justicia por el público.

La seriedad de Pistolera y la firmeza de Sultana, que aportaron regularidad al lote.

El ambiente único de la plaza de Segorbe, abarrotada y entregada, confirmando su identidad insustituible.

El homenaje a “Coco”, emotivo y sincero, que unió a toda la afición en un recuerdo colectivo.

 

Lo peor:

 

La floja actuación de Corbata, que se quedó por debajo del nivel exigido en esta plaza.

La irregularidad de Guapa y Reina, que dejaron sensaciones a medias.

La dificultad de espacio en la plaza, que impidió a muchos aficionados encontrar asiento y disfrutar con comodidad de la tarde.

 

  • Una plaza que es mucho más que madera y hierro

 

La plaza de Segorbe estaba repleta. “No cabe un alma”, se escuchaba entre los corrillos. Y es que este concurso no sería el mismo en otro recinto. La forma peculiar de pañuelo, los entablados de peñas y particulares, la fuente y la escalera como epicentro… Todo ello convierte a este espacio en un escenario único, insustituible. “El día que cambiemos de plaza, se acabará el concurso”, repetían los veteranos.

No solo se trata de toros: se trata de identidad. La gente guarda sus asientos de un año a otro, las entradas vuelan en minutos, y quien no consigue sitio busca cualquier rincón —bajo las escaleras, tras un barrote— para no perderse lo que allí sucede.

 

  • La memoria y el corazón: homenaje a “Coco”

 

La jornada tuvo también un instante de hondura y silencio. Fue el homenaje a Juan Carlos Albiol, “Coco”, aficionado entrañable de la comarca, fallecido este invierno tras un accidente cuando acudía a un festejo en Soneja. Sus amigos, con la colaboración de la ganadería Castillejo de Huebra y de tantos que aportaron transporte, divisa y esfuerzo, lograron sacar un toro en su memoria. Fue un gesto sincero, nacido del cariño, que recordó a todos que Segorbe no solo se mide en puntos y embestidas: se mide en recuerdos, en ausencias que pesan y en la comunidad que late alrededor del toro.

 

  • La continuidad de una pasión

 

Hubo también espacio para los más pequeños, con la trashumancia infantil y el toro embolado adaptado para ellos. Detalles que parecen menores, pero que siembran la afición en las nuevas generaciones, como esa memoria genética que se transmite de padres a hijos.

Segorbe sigue apostando fuerte: el gasto en animales aquí supone el 60% del presupuesto de los festejos, muy por encima de la media valenciana. Una inversión que no siempre garantiza el éxito, pero que asegura compromiso, calidad y respeto hacia el público.

 

Epílogo

 

Cuando cayó la noche, quedaba la sensación de haber vivido una tarde completa: Margarito confirmando su leyenda, Mariposa conquistando la plaza, y un grupo de vacas que defendieron con dignidad el hierro de Machancoses. Segorbe, una vez más, se estremeció en esa mezcla de pasión, riesgo y emoción que solo aquí se entiende.

Y en el recuerdo, la certeza de que en esta plaza no solo se lidian toros: también se lidia la memoria de un pueblo entero.

 

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