En un mundo que avanza a pasos agigantados hacia el futuro, hay quienes insisten en mirar atrás no por nostalgia, sino por convicción: para entender quiénes somos, debemos recordar quiénes fuimos. Esta máxima, evocada en una reciente entrevista en TV4 Segorbe, resume el espíritu de Marta Alonso, directora general de Patrimonio Cultural de la Generalitat Valenciana. En una conversación fluida y apasionada con la presentadora Santa Gimeno, Alonso desgranó no solo los planes de inversión millonarios para la comarca del Alto Palancia, sino también una visión más profunda: el patrimonio como puente entre generaciones, como motor de identidad y como catalizador económico para pueblos que luchan por no desvanecerse en el olvido.
La entrevista, emitida en el programa de TV4 Segorbe, comenzó con una reflexión que Alonso hizo suya: «Un pueblo sin historia, sin tradiciones, sin legado, no tiene identidad ni personalidad propia». Consciente de que la Comunidad Valenciana rebosa de riquezas intangibles —fiestas, costumbres y relatos orales— y tangibles —castillos, iglesias y murallas—, la directora enfatizó la necesidad de inculcar este valor en las nuevas generaciones. «Aunque la gente es consciente, tenemos que seguir trabajando entre administraciones y sociedad civil», afirmó, destacando cómo el patrimonio no solo preserva el pasado, sino que impulsa el crecimiento a través del turismo cultural. En sus palabras, se trata de un «factor de progreso» que transforma pueblos en destinos vibrantes, atrayendo visitantes que buscan algo más que sol y playa.
El compromiso financiero de la Generalitat y la Diputación de Castellón fue uno de los ejes centrales de la charla. Alonso detalló el ambicioso Plan Restaura, anunciado por el presidente Mazón en el debate de política general, como una estrategia estrella de la legislatura. «Queremos invertir en todo el patrimonio de la Comunidad Valenciana, desde grandes municipios hasta los más pequeños», explicó. Este año, se destinan 7 millones de euros en subvenciones, duplicando la cifra del anterior, para restaurar bienes culturales en todas las comarcas. Además, hay inversiones directas y convenios singulares, junto a una línea similar desde la Dirección General de Administración Local. En el Alto Palancia, esta inyección de fondos se traduce en acciones concretas que ya están en marcha, como un bálsamo para monumentos que han sufrido el paso del tiempo y, en algunos casos, el abandono.
Un ejemplo emblemático es la Cartuja de Valldecrist, en Altura, una «joya patrimonial» que Alonso describió con un cariño casi personal. Titularidad de la Generalitat, este monasterio cartujo —una de las tres que han sobrevivido en la región y considerada históricamente la principal del Reino de Valencia— recibe una inversión significativa para obras que incluyen suelos, revestimientos e instalaciones. Las intervenciones, iniciadas en agosto y con un plazo de 12 meses, buscan no solo consolidar el monumento, sino convertirlo en un espacio cultural vivo: conciertos, exposiciones y actividades que atraigan turistas. Alonso rememoró su paso por la dirección en 2015, bajo la consellera Catalá, cuando se instaló la cubierta y se creó el Centro de Interpretación en colaboración con los Amigos de la Cartuja y el alcalde de entonces. «Nos encontramos en 2023 que no se había avanzado en nada», lamentó, pero celebró el reinicio impulsado por la secretaria autonómica Pilar Tébar. Siguiendo un plan director ya elaborado, se programarán más actuaciones, asegurando que este símbolo identitario no caiga en el deterioro irreversible.
Segorbe, la capital comarcal, no se queda atrás. Con su casco antiguo declarado Bien de Interés Cultural (BIC), la ciudad recibe 2.247.333 euros para restaurar elementos clave como el acueducto histórico, murallas medievales y carlistas, y varios parques. «Segorbe merece todo nuestro apoyo», subrayó Alonso, quien reveló una reunión inminente con la alcaldesa para identificar prioridades futuras. La ciudad, referente en patrimonio material e inmaterial —como la Entrada de Toros y Caballos, declarada BIC inmaterial—, se beneficia de esta sinergia entre administraciones. Alonso extendió esta visión a la comarca entera: municipios pequeños dependen de estas ayudas para mantener castillos, museos e iglesias, que a menudo son su único reclamo turístico. «Sin esa cantidad de dinero, poco podrían hacer», admitió, enfatizando que la inversión constante evita la «reversión» del patrimonio, convirtiéndolo en fuente de orgullo y riqueza.
La conversación viró hacia el turismo, ese aliado silencioso que inyecta vida económica en el interior valenciano. Alonso pintó un panorama diverso: turismo de montaña, gastronómico, deportivo y, especialmente, religioso. «Hay pequeños municipios que lo único que tienen para enseñar es su iglesia», observó, recordando visitas a la comarca donde iglesias maravillosas se erigen como el corazón de los pueblos. Pero su enfoque es inclusivo: atiende no solo lo religioso —protegido por ley como Bien de Relevancia Local si data de antes de 1940—, sino también el industrial, etnológico (como lavaderos o fábricas antiguas) y el arte rupestre, patrimonio UNESCO desde 1998. Castellón, con abrigos como los de la Valltorta, es un referente nacional, y Alonso celebró acciones recientes por el Día Internacional del Arte Rupestre.
No faltó una crítica constructiva al ámbito nacional y europeo. Aunque la Generalitat insta al Ministerio de Cultura y a Tour España para intervenciones en monumentos como el Parador de Morella —dañado por la DANA—, Alonso reclamó más prioridad. «Seguimos enviando escritos para que inviertan», dijo, mientras aboga por fondos europeos que permitan actuaciones de mayor envergadura, complementarias a las subvenciones locales de hasta 200.000 euros. La clave, según ella, está en las sinergias: administraciones unidas, identificando urgencias y priorizando BIC y BRL.
La entrevista culminó con un mensaje de gratitud y llamada a la acción. Alonso felicitó a TV4 Segorbe por sensibilizar sobre el patrimonio, animando a alcaldes a solicitar ayudas. «Con vuestra labor, nos ayudáis a impulsar que se restaure más», concluyó. En un Alto Palancia donde cada piedra cuenta una historia, el Plan Restaura no es solo un presupuesto: es una promesa de futuro. Pueblos como Altura y Segorbe, con su legado revitalizado, demuestran que preservar el pasado no es un lujo, sino una inversión en la identidad colectiva. Y como bien dijo Alonso, si no lo cuidamos, el deterioro puede ser irreversible. Pero con compromiso, el patrimonio valenciano no solo sobrevive: brilla.

