Segorbe se prepara para recibir a sus «hermanos» franceses con los brazos abiertos. Han pasado dos décadas desde que Segorbe y Andernos-les-Bains, una pintoresca localidad costera en el suroeste de Francia, sellaron su hermanamiento, un vínculo que va más allá de los protocolos oficiales y se ha convertido en una verdadera familia transfronteriza. Marisa López, Concejala de Hermanamientos del Ayuntamiento de Segorbe, no oculta su entusiasmo al hablar de esta relación: «Son amigos, pero son familia. Muchísimas personas han mantenido esta relación, van a sus casas y se tratan de verdad como hermanos».
El hermanamiento, que cumplió 30 años el pasado 2024, ha sido un puente de intercambios culturales, sociales y personales que ha unido a generaciones. López recuerda cómo, en medio de la pandemia de COVID-19 que paralizó el mundo al inicio de la anterior legislatura, todo se detuvo. Pero una vez superada la crisis, el impulso regresó con fuerza. La primera visita post-pandemia fue un hito: la alcaldesa de Segorbe y la propia López viajaron a Andernos, donde se reunieron con sus homólogos franceses. Allí, tanto los alcaldes como los presidentes de las asociaciones locales coincidieron en un objetivo clave: involucrar a la juventud para asegurar el futuro de esta unión.
«El año pasado fuimos nosotros los que visitamos Andernos para celebrar el aniversario», explica López con una sonrisa que denota nostalgia y expectativa. Aquel viaje no solo sirvió para conmemorar las dos décadas de hermanamiento, sino que marcó el comienzo de una nueva era. Segorbe envió un grupo numeroso de adolescentes, chicos y chicas de entre 12 y 15 años, que fueron acogidos por familias francesas con jóvenes de su edad. «Se lo pasaron de maravilla», asegura la Concejala. Aquella experiencia no fue un mero intercambio turístico; forjó amistades reales que han perdurado a través de mensajes y videollamadas. «Ellos han mantenido el contacto, y en la última reunión que tuvimos, estaban deseando preparar las habitaciones y las casas para recibirlos».
Ahora, en 2025, le toca el turno a Andernos-les-Bains de cruzar la frontera. A finales de octubre, un contingente variado llegará a Segorbe, cargado de ilusiones compartidas. Vendrá un grupo amplio de la asociación francesa, que será recibido y alojado en hogares de la asociación local, fomentando ese lazo hogareño que define el hermanamiento. Acompañándolos, un equipo de autoridades para fortalecer los lazos institucionales, y, lo más emocionante, un «grupito» de adolescentes franceses. «Nos hace muchísima ilusión porque vemos que el hermanamiento funciona de maravilla, pero además tiene futuro: la gente joven está haciendo amistad», destaca López.
Los preparativos en Segorbe están en pleno apogeo. La Concejala describe cómo se organizan actividades pensadas para que los visitantes se sientan «como en su casa, porque de verdad vienen a su casa». Excursiones por los rincones históricos de la ciudad, talleres culturales, comidas compartidas y momentos de ocio diseñados para los más jóvenes prometen una estancia inolvidable. Esta visita no es solo un evento en el calendario; es la culminación de años de esfuerzo mutuo, un testimonio vivo de cómo dos comunidades separadas por cientos de kilómetros puede tejer una red de afecto y colaboración que trasciende generaciones.
En palabras de López, esta hermandad es «gente tan maravillosa que solo podemos hablar de ellos como familia». Mientras Segorbe cuenta los días para finales de octubre, el hermanamiento con Andernos-les-Bains se erige como un ejemplo inspirador de cómo los lazos internacionales pueden enriquecer la vida local, uniendo pasado, presente y, sobre todo, futuro.

