El programa, La vida en directo, presentado por Santa Gimeno en TV4 Segorbe, tuvo un sabor especial. No era una entrevista cualquiera. En el plató se sentaron tres de los 24 miembros que formarán la Comisión de Toros 2026, un equipo joven, numeroso y con una energía que se percibía incluso a través de la pantalla. Allí estaban Alexis André, Aarón Navarro y Alberto Fuentes, casi recién estrenados en su cargo, dispuestos a contar qué hay detrás de la responsabilidad que acaban de asumir.
Una responsabilidad que, en Segorbe, no es menor: organizar la semana taurina. O, dicho de otro modo, coordinar, sufragar y sostener una de las tradiciones más intensas, multitudinarias y emblemáticas de la Comunitat Valenciana. No es solo preparar toros, entradas, embolados o tardes; es llevar sobre los hombros un año entero de papeleo, presupuestos, decisiones y esfuerzo que muchas veces el público ni imagina.
Y todo empezó, dicen, por una espinita.
“Ya el año pasado nos presentamos, pero no pudo ser”, cuenta uno de ellos. Era un grupo pequeño entonces, unos quince o dieciséis amigos de siempre, de los que llevan años bajando a los toros, empujando cajones y soñando, en el fondo, con ser algún día comisión. Les quedó la frustración de no lograrlo, pero este septiembre volvieron a la carga.
Este año ampliaron el equipo. Buscaron gente con ganas, gente que sabían que había dicho otras veces “si montáis comisión, contad conmigo”. Y así, poco a poco, llegaron a los 24, el máximo permitido. “No queríamos quedarnos cortos; cuantos más seamos, más podemos abarcar”.
El 26 de septiembre, día de la subasta, todo se decidió en unos minutos. “Fue un momento muy especial. Estabas ahí temblando un poco… hasta que por fin Santa dijo: ‘Adjudicada’”. Y en ese instante, sin haber terminado de asimilarlo, ya lo eran: Comisión de Toros 2026.
La parte curiosa —y quizá más chocante para cualquiera que no haya pasado por esto— es que no hay periodo de adaptación. No hay calma, no hay respiro. No existe el “empezamos la semana que viene”. Apenas habían dormido tras la subasta cuando amanecieron ya ejerciendo.
“El sábado por la mañana ya estábamos pidiendo la lotería”, recuerdan riendo. Y no es un decir: la lotería es el primer pilar de recaudación, y cuanto antes se pida, antes empieza a venderse.
Una semana después, mientras algunos vecinos aún procesaban quién era la comisión nueva, ellos ya estaban en la romería de la Cueva Santa de sol a sol: desde que subieron los primeros peregrinos a primera hora de la mañana hasta que cayó la noche. “Fue muy duro pero muy bonito… porque ahí sí que empezamos a sentir el apoyo de la gente”.
Lo que vino después fueron meses de actividad constante: alimentación de redes sociales, preparación de rifas, gestión de papeleo, reuniones semanales (y muchas veces más de una por semana), presencia en ferias, venta en el mercado, organización de eventos, búsqueda de ganaderías… y, sobre todo, aprender.
Porque ser comisión hoy no se parece en nada a serlo hace treinta o cuarenta años.
Lo reconocen sin tapujos: mucho del trabajo no se ve. “La gente piensa que ser comisión es organizar las fiestas de septiembre… y no. Las fiestas son la punta del iceberg”. Debajo hay un monstruo administrativo, legal y económico que exige conocimientos que pocos jóvenes tienen antes de entrar.
“Menos mal que tenemos gestoría”, dicen. Y lo repiten varias veces, porque entre permisos municipales, trámites con Generalitat, seguros obligatorios, alta de asociación, firma digital, normativa de espectáculos, informes de seguridad, contratación de directores de lidia, licencias y un sinfín de requisitos, reconocen que sin ayuda profesional sería imposible.
Además, el coste se ha disparado respecto a otros tiempos. “Todo vale más. Los toros, los seguros, los permisos, las ambulancias, las discomóviles, el vallado… todo”. Por eso decidieron que habría dos tesoreros. “La confianza está muy bien, pero esto no va de confianza: va de responsabilidad. Dos ojos ven más que uno”.
Aunque muchos son amigos desde siempre, trabajar juntos no siempre es fácil. Por eso han aprendido algo desde los primeros días: hay que repartir roles. Una comisión de 24 no puede funcionar si todos hacen de todo.
Así que se organizaron en grupos:
- Comunicación y redes sociales
- Eventos y discomóviles
- Lotería y rifas
- Relación con comercios
- Ganaderías y festejos
- Presupuestos y tesorería
- Logística y almacén
- Local y mantenimiento
Y un pequeño detalle que parece menor, pero no lo es: han mantenido dos locales. El pequeño, la guarida original, donde llevan años quedando. Y el grande, pensado para reuniones numerosas, material, oficina y futuro centro de operaciones conforme se acerquen las fiestas.
Si hubo un momento en el que se dieron cuenta de lo complicado que es montar un evento, fue con las discomóviles. “Pensábamos que era simplemente pedir un permiso, contratar un DJ y poco más”.
La risa que sueltan después deja claro lo ingenuo que era ese pensamiento.
“Cuando Javi, de Inarse —una de las empresas que les asesora— nos explicó todo lo que hacía falta… nos quedamos blancos”.
Y es que, para una sola discomóvil, necesitan:
- protección civil
- seguridad privada
- control de aforo
- baños químicos
- contrato de DJ
- permisos municipales
- seguro de responsabilidad civil
- personal de barra
- vallado
- limpieza posterior
- certificado acústico
“Parece que montas un mini festival”, bromean. Pero lo cierto es que es caro, y Segorbe, por desgracia, es un lugar donde montar eventos cuesta más que en otros municipios más grandes. No por voluntad, sino por estructura.
Aun así, no se echan atrás. Este viernes debutan con su primera discomóvil del año, a la que han llamado precisamente “El Debut”. Y no será la única: luego vendrá el domingo, Nochebuena, Navidad, Reyes… y todas las que puedan montar en 2025.
Cuando Santa les preguntó qué era lo que más respeto les daba, no hubo dudas. La Entrada de Toros y Caballos.
Esa tradición centenaria, que en apenas unos segundos congrega a miles de personas y pone a correr toros, caballos y corredores en medio de un casco urbano estrecho y lleno de emoción, es también la parte más imprevisible de todo el año.
“En la plaza tienes puertas, personal, tiempos, directores de lidia… lo puedes controlar. Pero la Entrada… la Entrada es otra historia”.
Son 24 jóvenes responsables de lo que ocurra en medio kilómetro rodeados de 20.000 personas. “Son unos minutos de tensión extrema”, admiten. “Hasta que ves entrar al último caballo, no respiras”.
Pero también es lo que más ilusión les hace. Porque, para ellos, como para cualquier segorbino que ame sus fiestas, la Entrada es la joya de la corona.
Otro de los pilares de su trabajo es la elección de ganaderías. Un proceso más complejo de lo que muchos creen. No todas quieren venir; algunas sienten presión, otras no se ven preparadas para una plaza tan exigente.
“Hay ganaderías que dicen que sí enseguida, y otras que te dicen que se lo pensarán. Segorbe impone”. También están las visitas a las explotaciones, donde ven animales, hablan con los ganaderos y valoran quién puede ofrecer lo mejor.
No sueltan nombres todavía —no quieren generar falsas expectativas—, pero sí admiten que ya están trabajando desde hace semanas.
No todo es bonito. Estar en una comisión significa discutir, negociar y a veces renunciar a ideas que gustan mucho porque no encajan en presupuesto, logística o normativa. Significa conciliar horarios de 24 personas que trabajan, estudian o tienen familias.
“Llega un punto en el que el móvil no para”, reconocen.
Hay mensajes a todas horas, reuniones improvisadas, decisiones urgentes porque se cae un proveedor o un permiso tiene plazo. Y aun así, dicen, la ilusión compensa.
“Sabíamos que era duro. Pero no sabíamos que era tan duro”.
Si algo les ha sorprendido —y emocionado— es el apoyo del pueblo. “La gente está respondiendo muchísimo”. También los comercios: en la primera cesta de Navidad que organizan, han colaborado 54 negocios de Segorbe.
“Sin el comercio local no podríamos hacer nada”, aseguran. Y añaden un mensaje que repitieron varias veces: “Queremos que la gente nos aconseje. Que, si algo lo ven mal, nos lo digan. Estamos para aprender y mejorar.”
Este año, además, tendrán que convivir con un multiusos que necesita más cuidados que en ediciones anteriores. “Pedimos respeto, de verdad. Respetar el vallado, los tablones, el suelo, todo. Porque después de fiestas, si se estropea, también somos nosotros quienes damos la cara”.
El tiempo corre rápido, y aunque aún falta para septiembre, ellos sienten que tienen cada minuto asignado. Algunos ya han pedido vacaciones para la semana grande, otros las pedirán cuando se acerque. Bromean con que no verán verano, pero lo dicen con orgullo.
Porque, como dicen al final de la entrevista, ser comisión es dejar tu huella en la historia de Segorbe. Es sumar tu nombre a una lista que no se olvida. Es vivir el año más intenso, difícil y bonito de tu vida.
“Cuando acabe todo, miraremos atrás y diremos: Lo hemos hecho. Y eso… eso no nos lo quita nadie”.
El viernes empieza su aventura de cara al público. Y ese será solo el primer paso de un camino largo, emocionante y cargado de responsabilidad.
Segorbe ya los mira.
Ellos ya miran a septiembre.
Y el 2026, poco a poco, se pone en marcha.

